No me toques los miércoles

—¡Buenaaaas! —exclama Valeria al llegar a su taquilla, dejando caer un montón de bolsas.

—Me parece que alguien ha estado fundiendo la tarjeta de crédito… —dice Teresa acercándose y cotilleando lo que hay dentro.

—Bueno… sólo unos trapitos... unos bikinis, algún pareo a juego, un par de shorts, unas sandalias, un vestido blanco precioso… En fin… Todo lo que necesito para mi escapadita a Ibiza —explica con una sonrisa de satisfacción en la cara.

—¡Pero bueno! ¡Mírala a ella cómo se cuida y lo bien que vive! —dice Teresa.

—Pues sí. Me voy con dos amigas a disfrutar de la isla, de sus atardeceres y, sobre todo, de sus noches… En fin, ya me entendéis.

—En ningún momento se nos ha pasado por la cabeza que vayas a quedarte en el hotel leyendo a Tolstoi, Valeria —interviene irónica Lucía.

—Yo creo que haces muy bien. Eres joven y libre. ¡Viaja y diviértete con tus amigas! Eso sí, siempre con seguridad, responsabilidad y teniendo total conocimiento de todo el tema de lis métodos anticonceptivos y las enfermedades de transmisión sexual —le aconseja Teresa.

—Ja, ja, ja. Sabía que no tardarías en soltarme el sermón —ríe Valeria—. Ya sabes que siempre uso condones para evitar embarazos y enfermedades.

—Teresa, ¿cómo está el tema de Fernando? ¿Has seguido investigando? -pregunta Lucía, cambiando de tema.

—Pues ayer descubrí algo que me mosqueó bastante —responde Teresa, poniéndose muy seria y apartando la mochila para sentarse—. La verdad es que no sé si ni me apetece contároslo. - Valeria y Lucía la imitan, y, apartando las compras y los bolsos, se sientan con semblante serio al lado de su amiga , sin dejar de mirarla, esperando que ésta empiece a explicar el fatídico descubrimiento que ha hecho.

—Pues resulta —empieza a explicar Teresa con un tono muy serio -que el otro día empezaron a llegarle un montón de mensajes de Whatsapp a Fernando, como casi cada día últimamente, he de decir. Y nada, como yo estaba a su lado en el sofá, y para que yo no pudiera leer nada, se levantó y se fue hacia el pasillo. Yo, que iba descalza, le seguí despacio sin que me oyera y me quedé detrás de él para ver la pantalla. Y bueno… lo que vi…

—¿Qué viste? -preguntan ansiosas Valeria y Lucía.

—Pues… es que me cuesta explicarlo…

—¡Venga, Teresa! ¿Qué viste? —exclaman las dos al unísono.

—Pues vi varias cervezas, copas de vino, unos martinis, sushi, pizza, hamburguesas y globos.

—¿Cómo? —exclama Lucía.

—Pero aún no os he dicho lo peor… Había un montón de flamencas. ¡Flamencas por todas partes! Y a mí Fernando jamás me ha puesto una flamenca —sentencia Teresa muy indignada.

—Teresa, reina… ¿estás hablando de emoticonos de Whatsapp? —pregunta Valeria.

—Sí, pero emoticonos de diversión, y que no suele usar conmigo, como el de la flamenca. Bueno, y el del sushi, ése tampoco me lo envía nunca. Es que en realidad Fernando no es de cosas crudas, no sé a quién le ha enviado sushi.

—¿Y ya está? ¿No viste nada más? —interrumpe Lucía.

—Ah, no, no. Casi me pilla y tuve que disimular y decir que iba a hacerme una tostadita con mermelada para merendar. Valeria y Lucía se quedan mirando a Teresa en silencio.

—Teresa –dice finalmente Valeria–. Ahora vamos a clase y en el piscolabis de después te cuento los emoticonos que mi amiga le pilló a su ex en sus conversaciones con otras chicas.

—¿La berenjena? ¿El pinchito? —pregunta curiosa Teresa, siguiendo a Valeria.