¿Qué es una citología?

La citología cervical, comúnmente conocida como citología vaginal, es una prueba que consiste en el análisis de las células del cuello uterino.

El cuello del útero o cérvix se encuentra al final de la vagina, y es la zona más estrecha del mismo.

Para extraer células de la zona, se introducen dos instrumentos: un pequeño cepillo y una espátula, con los que se llevará a cabo un pequeño raspado en el cuello del útero. Esta muestra se sumergirá en un líquido conservante para analizarla posteriormente con un microscopio.

El objetivo principal de la citología es detectar lo más rápido posible la existencia de un cáncer de útero o de lesiones que puedan dar lugar a esta enfermedad.

En la mayoría de los casos, el cáncer de útero se asocia a la infección causada por el denominado virus del papiloma humano (VPH), que se adquiere por vía sexual.

El virus del papiloma humano provoca cambios en las estructuras de las células que se encuentran en el cuello del útero, lo que puede derivar en la transformación de estas células en malignas.

El raspado que se lleva a cabo en la citología recoge estas células para determinar si están sanas, si presentan cambios indicativos de que evolucionan hacia cáncer o si son ya células cancerosas. El cáncer de útero es una enfermedad que se puede prevenir en el 90% de los casos si se realizan citologías de forma regular.

Esta prueba deben realizársela todas las mujeres, una vez hayan iniciado su vida sexual.

Durante dos o tres años se realizará una citología al año y, si los resultados son negativos, la frecuencia subirá a una cada tres o cinco años.

Si existen factores de riesgo de padecer cáncer de cuello de útero (inicio de las relaciones sexuales a una edad temprana, infección por virus del papiloma humano, infecciones de transmisión sexual, tabaquismo o toma de anticonceptivos orales) el seguimiento deberá ser anual.




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