No me toques los miércoles

Teresa entra en el vestuario muy seria y busca con la mirada a sus amigas. Valeria la ve y se acerca, recibiéndola con un abrazo.

— ¿Cómo estás?

— Pues… a días… Al enterarme, fatal. El día que fui a firmar el despido, pues tuve una pequeña crisis y tuve una reunión en el baño conmigo misma. Ahí me vine un poco arriba y desde entonces voy levantando cabeza, pero estoy muy desubicada, la verdad. Lucía acaba de llegar y se acerca a ella también para darle un abrazo.

— Ay, Teresa, he pensado mucho en ti estos días y en cómo estarías - le dice con pena.

— Han sido días complicados, pero bueno… ¡Nada que pueda conmigo!

— ¡Qué bien escucharte decir eso! - exclama Valeria.

— ¡Qué remedio, niña! Hay que seguir adelante. Ahora tengo que buscar mi nueva vocación. Tener ante mi tantas opciones me pone así de nerviosa, como me ponía la noche anterior al primer día de cole. De momento ya me estoy informando de un montón de talleres y cursos. Sólo experimentando encontraré mi nuevo camino.

— Disfruta de la búsqueda, cariño, es lo más importante - asiente Lucía, dándole un beso en la mejilla. Valeria coge su móvil y empieza a mirar el Whastapp con cara de enfado.

— ¿Y a ti que te pasa, que tienes esa cara de brócoli? - pregunta Teresa.

— Nada…

¿Yo celosa?

— ¡Uy nada, dice! Eso se les dice a los hombres cuando llevas un cabreo monumental. Ellos se lo creen, pero nosotras conocemos esta técnica pequeña - bromea Lucía intentando sacarle una sonrisa.  

— Es Bruno… y una compañera que tiene en clase. No sé… Últimamente la nombra mucho, se mandan mensajitos, cuando queda con sus compañeros ella siempre está… Es como el perejil, que está en todas las salsas.

— Yo creo que ya sé lo que está ocurriendo aquí, querida… Te has enamorado por primera vez y estás experimentando también por primera vez lo que es tener celitos… - resuelve Teresa.

— ¿Celos yo? ¿De esa mojigata? Por favor… Pero si todavía lleva mechas californianas cuando todo el mundo sabe que son súper 2013.

— Ja, ja, ja, ja, ja - ríe Lucía - Coincido con Teresa, estás celosa.

— Pero ¡qué va! De verdad que no - replica Valeria.

— No pasa nada, Valeria. Mientras no sean celos enfermizos y controladores, es perfectamente normal que no te haga gracia que tu chico con el que acabas de comenzar una relación, después de pensártelo mucho, por cierto, pues pase tiempo y comparta risas y confesiones con una chica que no eres tú, y que además lleva mechas californianas - argumenta Lucía.

— ¿Sabes cómo se arregla eso?

— ¿Cómo?

— Primero, conociendo a la chica. A lo mejor es majísima y puede que tenga novio, quizá incluso más guapetón que tu Bruno y…

— Imposible - interrumpe Valeria.

— Y segundo - prosigue Teresa, elevando un poco el tono-, en cuanto conozcas un poco más a Bruno y veas que es un chico sincero y que puedes confiar en él, te quedarás tan tranquila que te la trufará si habla con una o con veinte, lleven mechas, permanente o bucles desenfadados.

— Disculpa, ¿eres Lucía? - interrumpe una chica preguntando a Lucía.

— Sí, ¿por?

— Es que en la puerta del vestuario hay un chico que pregunta por ti.

— ¿No te ha dicho quién es?

— No…

— Vale… Pues iré a ver quién es….

— ¡No tardes, que queremos saciar nuestra curiosidad! —grita Teresa cuando su amiga está saliendo por la puerta.