No me toques los miércoles

—¡Vamos, cuenta, cuenta! —gritan al unísono Lucía y Teresa tan pronto como ven a Valeria cruzar la puerta del vestuario.

—Chicas por favor… un poco de seriedad. Parece mentira que yo, que soy la más cría de las tres, sea quien tiene que poner orden —dice muy seria Valeria.

—¡Venga, va, Valeria! No te hagas la listilla, que a mí no me la das con queso —exclama Teresa levantándose. Y poniendo las manos sobre los hombros de Valeria, la sienta de un tirón.

—¿Por dónde empiezo? —pregunta Valeria, poniendo cara de inocente.

—¿Hubo “tema que te quema”? —se apresura a preguntar Teresa.

—Ja, ja, ja. ¡Anda que preguntas que qué peli fuimos a ver!

—En la vida siempre hay prioridades, cariño —argumenta Teresa.

—Bueno, venga, estamos a lo que estamos —interrumpe Lucía.

—¿Qué queréis saber? —pregunta desganada Valeria.

—¡Todo! —responden de nuevo al unísono Teresa y Lucía.

—Me recogió en casa y fuimos a unos multicines. Vimos la última de Batman, porque Grey es muy fan, y luego fuimos a tomar unas copas y…

Una chica que sabe lo que quiere

—¿Y? —exclaman más ansiosas si cabe Teresa y Lucía.

—Pues bueno… Fuimos a un chiringuito de la playa y allí, sentados, en las hamacas, la verdad es que fue más como me lo esperaba. Se centró en mí, en tontear, en coquetear, en provocar acercamientos… En fin, lo que suele pasar en una cita normal y justo lo que no pasó en nuestra primera cita.

—¿Y qué más? —insisten de nuevo a dúo.

—Surgió lo que tenía que surgir. Me sentí realmente a gusto con él y me dejé llevar porque me apetecía, y punto —explica muy segura, como reafirmando su decisión—. Así que le dije que quería ir a su casa. Fuimos y…

—¿Y? —interceden de nuevo Teresa y Lucía, agobiadas con la incógnita

—Pues… tiene un ático precioso con unas vistas impresionantes en pleno centro y la decoración es una pasada. Es como de película, su casa. Todo. Pero…

—¿Hay algún “pero”? —interrumpe ansiosa Teresa.

—Sí lo hay, Teresa. Simplemente la magia se esfumó en cuanto el ambiente empezó a caldearse. Me dio la sensación de que estaba más preocupado por verse los abdominales que por mí. Todo me pareció un poco frío y muy de postureo. Sinceramente, se me cayó el mito por completo.

—Un inciso— vuelve a interrumpir Teresa—. Supongo que todo con protección, usasteis métodos acticonceptivos ¿Verdad, Valeria?

—¡Pues claro que sí!

—No sé ni porqué pregunto, si yo sé que tú eres una chica lista —se excusa Teresa, con cara de satisfacción por la respuesta de su amiga.

—¿Y entonces? —pregunta Lucía dirigiéndose a Valeria para que continúe con su relato.

—Entonces nada. Ya está. Fin. Se acabó la tontería del profesor Grey. Paso de los tíos egocéntricos que no se preocupan por la chica con la que están y anteponen su placer. Además, estamos en veranito, la época ideal para salir a pescar —dice guiñando un ojo.

Teresa y Lucía, aún con cara de sorprendidas, se levantan del banco y comienzan a aplaudir a su amiga.

—¡Guau! Me da pena que la cosa haya terminado así Valeria. Pintaba todo muy bien, pero desde luego, un tío así se merece que pasen de él —comenta Lucía.

—¿Sabes qué te digo? —pregunta Teresa— Que ese tío es tonto y que no perdamos ni un minuto más hablando de él. ¡Será tonto! Ale, vamos a clase.

L.ES.NPM.06.2017.2753