No me toques los miércoles

— ¡Ya estoy de vuelta, chicas! —saluda alegremente Lucía.

— ¡Hombre! ¡La cangura! ¿Qué tal ha ido por la otra parte del mundo? -pregunta Teresa, corriendo para abrazar a su amiga.

— Te vamos a llamar “la viajecitos” porque, hija mía, entre la luna de miel y esta escapadita tonta a Australia, tienes el pasaporte más ajetreado que el de Willy Fog.

— La verdad es que nos fuimos en el momento perfecto porque… —y se queda callada para crear más intriga.

— ¿No me digas que como buena cangura ya llevas un cachorro en la bolsa? —pregunta Teresa entusiasmada.

— Bueno… Todavía es pronto para confirmar nada, pero… ¡tengo una falta!

— Quizá es pronto, sí, pero desde luego la gran aventura de ser madre comienza así, con una falta —dice Teresa.

— Pero Lucía… ¿Tú de verdad estás segura de la que se te puede venir encima? Lloros a horas intempestivas, babas, olor a leche agría, pezones agrietados, tu casita de diseño llena de juguetes y rayajos de rotulador por las paredes… ¿Hace falta que siga?

Una cangura viajera

— ¡Uy, Valeria! Te has quedado corta diciendo las cosas no tan positivas de ser mami, pero ¡hay cosas tan bonitas! Lucía, yo me suelo quejar mucho, pero te aseguro que vale la pena. Cuando ves una sonrisita dibujada en esa boquita diminuta, se te olvida que te han tocado el iPad con las manos manchadas de mermelada o que usan tus cortinas de servilleta.

— Lo de las cortinas aún tira que te va, pero que unas manitas pegajosas toqueteen mi iPad… eso ya son palabras mayores —dice lucía con cara de asco.

— Tranquila… Si ni te vas a acordar de que tienes uno. Y me refiero al iPad. ¡De que tienes un niño sí que te acordarás, sí! Ja, ja, ja.

— ¡Venga! ¡Ponedme al día! Valeria… ¿al final con qué te quedas? ¿Con los tortellini o con el platito de jamón ibérico? —pregunta Lucía para pillar desprevenida a Valeria.

— Pues después de una cita más romántica que Dirty Dancing, Titanic y Crepúsculo juntas… tengo que decir que... ¡me quedo con Bruno!

— ¡Bien! ¡Viva el producto nacional! —grita alegre Teresa.

— Yo debo reconocer que ya me estaba haciendo ilusión ir a verte a Italia —dice Lucía.

— ¡Mírala! Aún no ha deshecho la maleta y ya está planeando volverse a ir —replica Teresa.

— Por cierto, Teresa... ¿Hay alguna novedad del “poeta del post-it”? —pregunta Lucía al acordarse de cómo se quedó todo antes de marcharse.

— La novedad es que ya lleva un ritmo de dos post-it por día: el de la mañana a primera hora y el de después del descanso de media mañana, que yo creo que lo usa para darle vueltas al coco y dar rienda suelta a su inspiración rapsoda, y luego me lo escribe y me lo deja en la mesa.

— ¡No me extraña que le cueste tan poco crear poesía con una musa como tú! —dice Valeria con ironía.

Teresa mira de reojo a Valeria intentando parecer enfadada y continúa hablando.

— Pero que yo lo tengo muy claro. Estoy enamorada hasta el coxis de mi Fernando, y más después del lipguab que me hizo el otro día en el centro comercial. ¡Qué movimientos!

— ¿Fernando en un lipdub? ¡Quiero todos los detalles ahora! —exclama Lucía.