No me toques los miércoles


– Pero niña, ¿dónde vas con tantos papeles y libretas? –le pregunta Teresa a Lucía mientras coge una libreta de las muchas que ésta lleva en la mano y que están a punto de caerle.
– ¡Uf, Teresa! Pues que llevo un jaleo con la boda… Que si la lista de invitados, que si el orden de las mesas, que si el menú, que si los presupuestos de la decoradora, que si las flores, que si los músicos… Y no te cuento más porque me estoy estresando sólo de decírtelo.
– La verdad es que una boda es todo un faenón, y no sólo por lo que hay que hacer, sino para conseguir que ni las familias ni los novios se tiren de los pelos antes del gran día –bromea para que Lucía se relaje un poco.
– Ésa es otra… Que si mi madre quiere poner a la tía Milagros en la mesa de no sé quién, que si la prima del pueblo es alérgica al gluten y necesita un menú especial… ¡Es que no puedo estar en todo! –sentencia, dejando caer los cuadernos sobre la mesa.
– ¡Buenooo! ¡Cómo estamos hoy…! –interviene Valeria mientras se sienta y coge una de las libretas y empieza a cotillear.
– ¡Ya te llegará! Tú ahora sigue con tus ligues y tus fiestas súper cools, y preocupándote sólo de si tienes batería en el móvil –le dice Teresa a Valeria, a la vez que le pellizca cariñosamente la mejilla.
– Por cierto, ya queda poquito para la FeelFreeParty y seguro que soy una de las elegidas porque en Instagram estoy colgando cada fotaza con el hagstag #MiDecisionMasLibre… Así que ya me he comprado un vestido negro y unos taconazos de vértigo que ni Olivia Palermo.
– ¿Y del profesor Grey sabemos algo? –pregunta Lucía, interesada.

Una boda, un cupcake y un número de teléfono


– Pues… de eso os quería hablar –responde con cara de circunstancias. mientras sus amigas se acercan con ojos tan abiertos como el emoticono de sorpresa de Whatsapp –. El otro día en clase estábamos haciendo unas cupcakes de Red Velvet y como estábamos liados con la masa y la crema de mantequilla, Grey nos hizo el favor de acercarnos las cápsulas de papel, ya sabéis, esos papelitos que pueden ser de colores, de lunares y tal… Pues eso… Que nos las fue repartiendo y cuando llegó mi turno vi que en uno de los papelitos había escrito un número de móvil.
– ¿Cómoooooooooo? –saltan al unísono Teresa y Lucía.
– Sí… –confirma Valeria, contenta y abrumada a la vez por los acontecimientos.
– ¿Y qué hiciste? –insisten en preguntar a la vez las dos.
– Pues… me puse más colorada que el gorro de Papá Pitufo, cogí el papelito y me lo guardé en el bolsillo del delantal sin levantar la mirada del suelo porque notaba que me estaba mirando. ¡Chicas, de verdad que creía que me moría!
– ¡Tomaaaaaaaaa! ¡Ya es tuyo! –gritan Lucía y Teresa, a la vez que golpean la mesa con las manos.
– Chicas, por favor –las corta Valeria mientras pide calma con las manos y mira avergonzada a su alrededor–. ¡Nunca pensé que sería yo quien os pidiera un poco de decoro!
– Pero vamos a ver, Valeria –le dice Teresa, poniéndose seria–. ¿Tú no estabas locamente enamorada de tu profesor Grey? Te acaba de dar su teléfono, ¿cuál es el problema?
– Pues la verdad… que no me lo esperaba y me ha pillado un poco de sorpresa.
– Vamos… que te va a venir a ti grande, ¿no? –pregunta Teresa.
– Teresa, es normal que esté un poco impresionada –interviene Lucía para echar un cable a Valeria.
– Estoy hecha un auténtico lío…