No me toques los miércoles

— Mirad, chicas… —exclama Teresa. Se gira misteriosa y, de espaldas a sus amigas, comienza a sacar de su mochila un neceser a lunares. Abre la cremallera y despacio saca algo que Valeria y Lucía no alcanzan a ver.

— Venga, Teresa, no te hagas la interesante. Si son los pendientes de cerámica con forma de piña que hizo tu hijo mayor en el campamento, ya nos los enseñaste la semana pasada —dice Valeria desganada, sentándose de nuevo en el banco del vestuario.

— Que no, no es eso. Es algo súper secreto —prosigue Teresa bajando la voz y dirigiéndose al rincón más cercano.

— ¿Qué será esta vez? La verdad, Teresa, es que me sorprendes siempre tanto que si nos contaras que eres agente del CNI y que tu próxima misión es vigilar la isla de Perejil, no me extrañaría demasiado.

— Eso os lo cuento otro día Lucía, ji, ji. Ahora acercaos a ver una cosita.

Las dos amigas se levantan resoplando y caminan hasta donde se encuentra Teresa. Ésta se hace un lado y abre las manos mostrando a sus amigas un post-it.

— ¿Y esto? ¿Fernando te ha vuelto a dejar notitas en el cajón de las bragas? —pregunta Valeria.

— ¡No! Leed, leed.

Un post-it conflictivo y un futuro con apetito
.

Con cuidado, Lucía coge la notita amarilla de las manos de Teresa y lee en voz alta: “Ha sido un auténtico placer trabajar contigo, Teresa. Enrique”.

— Bien… ¿y? —exclama Valeria mirando a su amiga sin entender qué tiene de misterioso ese mensaje.

— Hoy hemos tenido una reunión en el departamento y cuando he vuelto a mi mesa tenía este mensajito del chico que acaban de trasladar de la central —explica Teresa con voz coqueta.

— ¿Y para esto tanto misterio? —pregunta Lucía devolviéndole el post-it a Teresa.

— ¡Será posible! ¿Acaso no lo veis? Yo lo veo transparente; este chico quiere business conmigo.

— Evidentemente, es compañero de trabajo, ¿no?

— ¡Hay que ver, Valeria! Tú que siempre estás pensando en lo mismo y ahora no eres capaz de entender a qué clase business me refiero.

— Hombre, Teresa. Yo sinceramente creo que este chico ha querido ser educado —añade Lucía.

— Yo os digo que no, porque no paró de mirarme en toda la reunión, y no me miraba precisamente a los ojos— dice Teresa tapándose la zona del pecho con la camiseta.

— Bueno, pues ya nos irás contando qué pasa con tu “admirador” —dice Lucía haciendo con las manos el gesto de las comillas.

— ¡Eso! Que ahora os quiero explicar yo una cosa —suelta Valeria.

— ¡Uy! Temblando estoy. ¿A quién has conocido? —pregunta Teresa.

— No es nada relacionado con chicos. Es una decisión importante sobre mi futuro. Estoy recabando información de masters para hacer cuando acabe en la escuela de cocina. Estoy ya en el último año y quiero seguir mi formación. Estoy entre un master de cocina en San Sebastián o uno en París.

— ¡Oh, París! Yo estuve allí de Erasmus. Estoy enamorada de la ciudad y de su ambiente. ¡Te va a encantar! Además, es un sitio perfecto para formarte en cocina.

— ¡Pues en éstas estoy! Dándole vueltas al tema y a ver dónde acabo el próximo curso y qué aventuras vivo allí.

— Con los franceses… y lo lanzada que tú eres… ya te digo que vas a tener muchas experiencias, ja, ja, ja, ja.

— Para lanzado el mensajito que me acaba de enviar el italiano...

— A ver si en vez de en París, acabas haciendo tiramisú en Italia— dice Teresa.

— Quién sabe…— dice muy misteriosa Valeria