No me toques los miércoles

— Estoy deseando que llegue Teresa y nos cuente cómo le fue en la clase de pole dance. Me la imagino intentando trepar y me muero de la risa.
— Bueno, no te creas que yo lo haría mucho mejor. Por lo que tengo entendido es una técnica bastante difícil y tienes que tener un gran control del cuerpo y de la fuerza —comenta Lucía mientras empieza a sacar cosas de la mochila.
— ¡Hola chicas! —saluda Teresa al entrar al vestuario
— Si tenemos aquí a nuestra showgirl ibérica.
— Como te gusta cachondearte, Valeria —responde Teresa, queriendo hacerse la ofendida.
— ¿Qué tal la sesión de pole dance? ¿Ha nacido una estrella?
— A ver… os cuento. Cuando entré en la clase la profesora ya estaba colgada arriba de la barra recibiéndonos a todas. Ahí ya aluciné un poco y pense ¿Yo tengo que subir hasta ahí y quedarme colgada cual mono amazónico?
— Ja, ja, ja, ja —Lucía y Valeria no pueden reprimirse y sueltan una gran carcajada.
— Pues esperad que aún queda lo mejor —continua Teresa—. La profe nos explicó cuatro conceptos básicos y nos dijo cómo intentar subir la barra. Y ahí me veis a mí intentando conquistar esa barra sin fin. Cuando conseguía subir dos centímetros, volvía a bajarme. La profe y las otras chicas me animaban para que continuara intentándolo, pero pronto me empecé a agobiar. Además, me miré la zona de la entrepierna y eso se estaba poniendo más roja que el auto corrector de mi madre.

Redobles de tambor y barras de baile


— ¿Y al final subiste o no?
— ¡Qué voy a subir! ¡Más bien me fui a la planta menos uno! Eso sí, se me dieron estupendamente los movimientos más de coreografía.
— ¿Y te sentiste súper sexy? —pregunta Valeria para pinchar un poco más a Teresa con el tema.
— ¿Sexy? Creo que en el momento de subir por la barra una croqueta de jamón era mucho más sexy que yo. Pero en la parte del baile, sin duda fui la mejor de la clase.
— Ja, ja, ja, ja —ríen de nuevo Valeria y Lucía.
— ¡Mira cómo se ríen de mí! En fin, chicas, que me temo que sigo con el pilates. Siempre me quedarán mis movimientos de Shaki-loba para sentirme sexy —y se acompaña de un movimiento de caderas, intentando ser sensual.
— ¿Y tú qué Valeria? ¿Tú no te ibas a Ibiza? ¿Ya has ido al ginecólogo? Estabas entre el parche transdérmico y el anillo vaginal, ¿verdad?
— Pues mira, al final me he decidido por —e imitando el redoble de tambor con las manos, prosigue—… las pastillas anticonceptivas. Y el viaje a Ibiza es este fin de semana. ¡Qué ganas!
— ¡Anda! ¿Y al final por qué te has decantado por este método anticonceptivo? —pregunta Lucía.
— Pues mira. Yo ya fui con algo de idea gracias a la información que me había pasado mi amiga, pero luego el ginecólogo me explicó todas las opciones, tal y como me dijisteis, y bueno, pues pensé que ésta sería la mejor para mí.
— Perfecto, Valeria. Enhorabuena por ser una mujer madura, responsable y bien informada —dice Teresa poniendo un brazo en el hombro de su amiga.
— Venga, vamos a clase, showgirl y chica responsable —las corta Lucía, empujándolas hacia la puerta del vestuario.