No me toques los miércoles


— ¡Ay, chicas! ¡Qué ganitas tenía de un día de compras con vosotras!
— La verdad es que sí, Teresa, a mí también me apetecía mucho. Además, necesito más ropita premamá porque tengo sólo cuatros cosas y voy siempre con lo mismo -comenta Lucía.
— Suele pasar. A mí todo el mundo me decía: ‘No te compres muchas ropa de embarazada porque luego, a ver qué haces con ella’. Al principio hice caso pero luego me cansé de verme siempre igual. Además, lo que te guste mucho te lo guardas por si te decides ir a por la parejita -explica Teresa.
— ¡Uy! Ahora mismo ni me lo planteo porque bastante tengo con aguantar las náuseas y prepararme para el parto.
— ¡Di que sí, Lucía! Teresa, haz el favor de no agobiarme a la mami primeriza, ¿eh? -bromea Valeria.
— Venga, ¿dónde os apetece ir primero?
— Donde queráis. Pero eso sí, después me acompañáis a una tienda de vestidos de fiesta porque tengo una boda este finde y todavía no sé qué ponerme. Y ya sabéis, sin vestido, no sé ni qué zapatos ponerme, cómo peinarme, qué complementos llevar... -dice Valeria.
— ¡Vale! Te acompañaremos, pero ya te digo que tú no tienes problema, te pones un vestido negro más bien básico, que siempre es elegante, y unos taconazos, y dejas sin habla a los tertulianos de Sálvame -bromea Teresa.
— Bueno... Bueno... Yo no lo veo tan claro, pero gracias por el piropo amiga -responde Valeria dice pellizcando cariñosamente la mejilla de Teresa.

Recuerdos de amigas y un famosillo


— Pues si no nos decidimos, yo digo que vayamos a esa tienda de la esquina, que hoy les llegan nuevos modelitos y quiero echar un ojo.
— ¡Vamos! -exclama Valeria.
— Hay que ver, chicas... Qué suerte tuvimos de conocernos, ¿eh? Todo empezó en el vestuario del gym tras una clase de Pilates y hoy aquí seguimos, de compras juntas, pasando siempre buenos ratos, compartiendo alegrías como la buena nueva de Lucía, o los malos, como mi despido -dice Teresa poniéndose un poco ñoña.
— La verdad es que sí, tienes toda la razón, fuimos muy afortunadas al poder conocernos. Una siempre piensa que los mejores amigos son los de la infancia, los del instituto, y no siempre es así. A lo largo de la vida es posible encontrar gente estupenda que pasa a formar parte de tu vida y te aporta cosas muy positivas -ratifica Lucía, algo emocionada también.
— ¡Pero bueno, chicas! ¿En serio nos vamos a poner así de cursis? -pregunta Valeria.
— ¡No te hagas la dura, Valeria, que ya te conocemos! -exclama Teresa.
— Vale... Es cierto... Yo también estoy muy feliz por haberos conocido chicas... A Lucía, con su estilo y su bondad, y a Teresa... a Teresa, con sus teresadas, ja, ja, ja, ja.
— Ja, ja, ja, ja -ríen las tres al unísono.
— La verdad es que desde el principio conectamos un montón… ¡y no veas qué confianzas cogimos enseguida! En cuanto nos dimos cuenta estábamos hablando de nuestros métodos anticonceptivos; del DIU de Lucía y su boda, de mis pastillas y del lío que te llevabas tú con tu profesor Grey... -explica Teresa poniendo voz picarona y mirando a Valeria.
— Ja, ja, ja -ríe Valeria-. Madre mía, eso ya es la prehistoria... Yo entonces iba de flor en flor, estaba abierta a las aventurillas y con el preservativo me apañaba. Ahora soy una chica enamorada de mi amore Bruno y me he pasado a las pastillas. ¡Cómo cambian las cosas!
— Chicas... No quiero romper este momento mágico de hermandad, pero me ha parecido ver a Mario Casas entrando a esa tienda -las corta Lucía.
— ¿Cómo? -pregunta Teresa, justo antes de salir corriendo.
— Ja, ja, ja, ja. ¡Teresa! ¡Espera! ¡Que como te vea con ese ansia va a llamar a seguridad!