No me toques los miércoles

— ¡Mírala! ¡Ahí llega! –exclama Teresa señalando a Lucía, que acaba de entrar por la puerta.

— ¿Estás bien? –le preguntan ambas al unísono.

— Sí, sí, ya estoy fenomenal. Gracias, chicas –responde Lucía, mientras se sienta en el banco con un gesto de cansancio.

— Pero ¿qué te pasó exactamente? Nos dejaste muy preocupadas cuando nos dijiste lo del hospital.

— Bueno, venía de camino a Pilates cuando en el metro me empecé a notar algo mareada, me subió como un calor por el cuello y sentí que me desplomaba –explica, mientras Valeria y Teresa la escuchan atentamente con cara de preocupación–. Y, en fin...Un chico que vio que me caía, me sentó entre él y su amigo, y una señora sacó un abanico y empezó a abanicarme. En la siguiente parada la señora y otro chico bajaron conmigo porque justo allí hay un hospital, y me acompañaron a urgencias.

— ¿Y te dijeron lo que te pasó? –pregunta inquieta Valeria.

— Me dijeron eso y más cosas...Lo que me pasó fue una simple bajada de tensión...Cansancio, agotamiento, falta de energía...Y también me dijeron –hizo una pausa antes de proseguir–... ¡que estoy embarazada!

— ¡Qué alegría!

— grita Teresa, mientras se lanza a abrazar a Lucía.

— ¡Viva mamá cangura!

— exclama Valeria, uniéndose al abrazo.

— ¡Hay que ver! Has empezado contándonos algo feo y mira qué bonito que ha acabado todo, ja, ja, ja.

— Para bonito...el tío que he visto entrando en el gimnasio. ¡Madre mía…! Cuando caminaba hacía crunch crunch –suelta Valeria.

Profesores que hacen crunch crunch

— Dos cosas... ¿Pero tú no estás ultra enamorada? Y... ¿Qué significa lo de crunch crunch? –pregunta confundida Teresa.

— Uno: sí, tengo novio, pero eso no significa que me hayan aumentado las dioptrías y no vea a un adonis cuando pasa por mi lado. Dos: crunch crunch es el ruido que hacen al caminar los chicos que están que crujen. Ja ja ja –se rie Valeria.

— El otro día la chica de recepción dijo que estaban haciendo entrevistas para contratar nuevos profesores –comenta Lucía.

— ¡Yo quiero verle! –grita Teresa.

— Pues ha entrado en la clase de aquí al lado. ¡Asómate, asómate! –exclama Valeria, animando a Teresa.

— A veeeeeer –susurra, saliendo del vestuario de chicas

— . ¡Guau! ¡Valeria, tenías toda la razón! Eso, más que crunch crunch, hace boom boom –dice, metiéndose la mano debajo de la camiseta y moviéndola a la altura del corazón como si fueran latidos.

— Chicas, yo ahora mismo estoy demasiado ensimismada con mi pequeño bichito en camino, así que ni crunch crunch ni crinch crinch... ¡Vamos, como si viene el mismísimo Brad Pitt a darnos las clases! ¡Yo estoy embarazada! — exclama Lucía.

— Es normal, Lucía. Ahora estás en modo “mami novata” on. No te preocupes, ya volverás a fijarte en estas chorradas.

— ¡De chorradas nada! ¿Os imagináis que es el nuevo profesor de Pilates?

— ¡Madre mía! Si eso pasa, ya podéis venir 30 minutos antes a clase porque me da en la nariz que a las mojigatas de aquagym de repente les van a entrar muchas muchas ganas de venir a Pilates.

— Ah, no, no... ¡De eso nada! Las veteranas que estamos aquí sufriendo cada miércoles tenemos prioridad. No sólo queremos nuestro sitio asegurado en clase, sino que lo queremos en primerísima primera fila –afirma Teresa muy seria.

— Eso, eso. No vaya a ser que nos perdamos algún movimiento –añade Valeria.

— Mucho estáis fantaseando vosotras...Anda, acabemos con la incertidumbre. Voy a preguntar en recepción y se acabó.

— Por favor, por favor, que sea el profe de Pilates...