No me toques los miércoles


— ¡Me encanta que vayas a tener una niña! Yo siempre quise tener una mini Teresa danzando por casa… Pero bueno, tuve a mis dos monstruitos que me tienen loca.
— Bueno, siempre puedes lanzarte e ir a por el tercer bebé buscando la nena -dice Valeria, sabiendo que este comentario va a hacer saltar a su amiga.
— ¡Uy! Deja, deja. Yo ya he cerrado el chiringuito, estoy más que servida con mis niños. Además, basta que busque la niña para que me salga uno o dos niños, porque en mi familia hay muchos gemelos. ¡Sólo me faltaría eso!
— Bueno, Teresa, eres joven. Fernando y tú aún podéis darle una vuelta al tema. Si te decides, ya sabes; tu ginecólogo te quita el DIU en un periquete, y al tema -interviene Lucía-.
— ¡Qué insistentes estamos hoy, eh! -exclama Teresa, moviendo la cabeza y perdiendo un poco la paciencia-. Anda, Lucía, cuéntanos qué nombres tenéis pensados para la nena. ¡Me fascina lo de los nombres de bebés!
— Pues… A mí siempre me han gustado Claudia y Greta. A Pablo le gustan los nombres con más solera, como Lola, Macarena, Jimena… ¡Ya os anticipo que la negociación va a ser muy dura!
— Ufff… ¿Y la familia qué dice? ¿Os han hecho sugerencias? -pregunta Valeria.

Hay nombres y nombres...

Lucía cambia la cara, coge aire y lo suelta, suspirando:
— ¿Sugerencias? Mi abuela y sus hermanas del pueblo me han propuesto unos nombres que siempre se han puesto en la familia y yo… yo me niego, y Pablo… vamos, Pablo es que no quiere ni oírlos.
— Ja, ja, ja, ja -ríe Valeria-. ¿Pero qué nombres son?
— Mmmmmm…. No sé si decíroslos, que ya me imagino el cachondeíto -responde Lucía, dudando.
— ¡Venga, mujer! ¡Si seguro que no son para tanto! -suelta Teresa.
— Pues… Me han insinuado que podría ponerle Argimira, como mi tía abuela, Crisostoma, como mi bisabuela, o Gesulmina, como mi tatarabuela, para que no se pierda la tradición.
Teresa y Valeria asienten con la cabeza, sin saber muy bien qué decir a su amiga.
— Vale… Entiendo a Pablo… -dice Valeria.
— ¡Dios mío, Lucía! ¿Pero que nombres son esos? Yo no soy capaz de decir ninguno de esos nombres a la primera… ¿Argi… qué? ¿Cristo… cómo?
— Ja, ja, ja… Déjalo, Teresa, no pierdas tiempo aprendiéndolos, porque ninguno de esos nombres va a ser el elegido.
Mientras Teresa suspira aliviada y Valeria y Lucía ríen, Miriam llega a la puerta del gym a paso lento.
— ¡Hola guapa! -exclama Valeria al verla-. Justo íbamos ahora a la cafetería a cotillear contigo un rato.
— Uf, chicas. Estaba allí esperando, pero es que me encuentro fatal. Así que he venido a deciros que me tengo que ir a casa -explica Miriam con voz cansada.
— ¡Niña, tú tienes mala cara! ¿Te encuentras bien? -le pregunta Teresa.
— La verdad es que no, estoy muy cansada. Estoy con la regla, y últimamente las tengo muy abundantes.
— ¡Ay, pobre! A una amiga mía le pasaba lo mismo, fue a su ginecólogo y le explicó por qué le ocurría y cómo podía mitigar estas reglas abundantes.
— Sí, ya he cogido cita con mi ginecóloga porque quiero buscar una solución. Me he estado informando con la infografía de conlamujer.com de reglas abundantes y he visto las opciones que hay, pero quiero que mi gine me lo explique con todo detalle.
— ¡Haces bien! Ya verás como sales de la consulta con todo mucho más claro y una solución. ¡Ya nos contarás!