No me toques los miércoles


— Pero chiquilla, ¿y esas ojeras? –comenta Teresa siempre tan sincera–. ¡Pareces un koala de esos que le gustan a tu suegra! Ja, ja, ja.
— Pues nada –empieza a explicar Valeria–. Resulta que he empezado un libro que me tiene enganchadísima. Se titula El club de los viernes.
— Sí, sí, no hace falta que lo jures. Tu cara te delata –deja caer Teresa mientras coge su taza de capuchino para hacer un buen sorbo.
— Es súper entretenido. Va de un grupo de mujeres que se reúnen para tejer –sigue explicando Valeria, ahora que ha logrado captar la atención de sus dos amigas.
— ¿Pero eso de tejer no es cosa de viejecillas? Ja, ja, ja.
— Sí, bueno, lo que tú digas –prosigue Valeria con su historia, algo molesta con la risa de Lucía–. ¿No te has enterado que es una de las últimas tendencias? Pero vamos, que no es por el tejer que lo sigo. Si supierais la cantidad de chismes que cuentan… ¡Me encanta!
— ¡Ay, sí! –exclama Lucía–. Antes de casarme yo estuve enganchada a un programa de esos que me gustan a mí, de formato americano, que trataba de encontrar el vestido de novia perfecto. Y entre vestido y vestido que se probaban, te enterabas de mil historias. Por cierto, ahora que tengo tanto tiempo libre, me he enganchado a otro reality.
— ¡¿En serio?! –exclaman Valeria y Teresa al unísono, poniendo cara de “no me lo puedo creer”.
— Este no tiene comparación con nada de lo que he visto anteriormente. Se trata de un reality de madres adolescentes –continúa explicando Lucía a la vez que remueve su zumo de naranja con una pajita–. Y claro, la verdad que con esto de mi embarazo me ha llegado mucho.

Mejor una conversación a tiempo

Y es que pienso que si ya es complicado para una mujer adulta con todos los cambios que se producen en el cuerpo y luego toda la responsabilidad que conlleva traer una personita al mundo, ¿os imagináis cómo debe ser para una adolescente? ¿Cómo cambia su vida de forma tan radical?
— ¡Calla, calla! –exclama Teresa, tan expresiva como siempre-. ¡Se me ponen los pelos como escarpias!
— Es que la formación sobre métodos anticonceptivos y todo lo relacionado con la sexualidad es vital en esas etapas –interviene Valeria con la mirada fija en su café latte.
— Os parecerá mentira, pero es más común de lo que pensamos que una chica joven se quede embaraza –suelta Lucía mientras intenta coger algo del bolso que ha dejado en el suelo y que le está costando una vida agarrar porque la barriga ya va haciendo un poco incómodos según qué movimientos.
— ¡Sí, sí! –dice Lucía –. Era un número elevadísimo. Espera, que estaba buscando el móvil para preguntarle a google que todo lo sabe –Lucía empieza a rebuscar en su bolso, pero deja de hacerlo al oír a Valeria.
— ¡No busques más! Lo tengo –Valeria se inclina para adelante para que sus amigas puedan ver la pantalla de su móvil–. Casi 30.000 jóvenes tienen un embarazo no deseado al año.
— ¡Madre mía! ¡Eso es un montón! –exclama Teresa, con los ojos abiertos de par en par como no creyendo lo que muestra la pantalla del móvil de su amiga.
— ¿Ves? Lo que yo decía –empieza a decir Valeria mirando al infinito–. La formación a jóvenes y adolescentes sobre métodos anticonceptivos es clave. ¡A ver si deja de ser un tabú ya! Es mejor tener una conversación sobre el sexo y la sexualidad a tiempo que evitarla y que luego la vida te dé un susto de estos. Que luego todo para adelante y las mujeres podemos con todo y más. ¡Nos crecemos en la adversidad! Pero vamos, que al principio la cara de póker no te la quita nadie.
— ¡Cuánta razón tienes! –exclama Lucía mientras mira su móvil, ya que le acaba de llegar un whatsapp–. Si mis padres hubieran tenido más conversaciones con mi hermano Leo sobre la anticoncepción... ¡Anda, mira! Hablando del rey de Roma…
— ¿Te ha escrito un whatsapp? –quiere saber Teresa.
— A ver… ¿Ves? Justo lo que os decía. Si hubieran tenido más conversaciones sobre el sexo con él, no le surgirían tantas dudas. Mira lo que me pregunta ahora…
Justo en ese momento pasa la profesora de Pilates y se dan cuenta que hoy van a tener que correr si no quieren quedarse sin un buen sitio en la clase.




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