No me toques los miércoles


– Hola guapa, ¿cómo estás? –pregunta Teresa afectuosamente a Valeria.
– Pues… muy bien, ¿y tú? –responde Valeria con una sonrisa
– ¡Venga… cuenta! Necesito saber ya qué ha pasado con tu cita con Grey. En serio, no puedo más. Con decirte que el otro día Fernando me estaba dando un masaje relajante y yo no paraba de hablarle de ti y de cuando te dio su teléfono, y cuando estabas tú derritiendo el chocolate y… bueno… que me puse pesada y me pidió que por favor desconectara y me relajara, ja, ja.
– Vaya, Teresa. Me alegra que mi vida sentimental te sirva de cotilleo –le suelta Valeria, entre carcajadas.
– No es cotilleo mujer, es interés. Pero venga, dime, no te hagas la interesante.
– Hoy no viene Lucía, ¿no? ¡Espero que la boda fuera tal y como la había soñado! Ahora mismo está de luna de miel tomando el sol en playas de arena blanca y fina, bañándose en mares de aguas turquesas, bebiendo mojitos… –comenta divertida, sabiendo que está sacando a Teresa de quicio con la incertidumbre.
– Sí, sí… la boda ha ido de maravilla, por lo que he podido rastrear en Instagram. Y sí, ahora mismo nuestra amiga está en el mismísimo paraíso… Y por cierto… hablando de paraísos… ¿Ahí es donde te llevó tu profesor Grey en la cita que tuvisteis? –insiste con una sonrisa por su ingenioso y sutil cambio de tema.
– Ja, ja, ja, ja. ¡Ay, Teresa! Veo que no te darás por vencida.
– ¡Por supuesto que no! Tú de aquí no sales hoy hasta que no me cuentes detalle a detalle absolutamente todo lo que pasó en esa cita –dice cruzando los brazos y poniéndose algo más seria.

Me comí mi postre y el suyo

– Bueno… ¿Por dónde empiezo? Digamos que todo fue bien, pero no sé… tampoco me cambió la vida… no sé cómo explicarlo –explica Valeria, algo desganada.
– ¡Uy, uy, uy! Necesito más detalles.
– Pues nada… Fuimos a cenar a un sitio muy modernito que me recomendó Lucía. Y la verdad es que parecía que le interesaba más la comida que yo, porque estuvo analizando cada plato, ingrediente por ingrediente. Que si han hecho tal cocción, que si han emulsionado no sé qué… En fin… que estaba deseando que nos fuéramos ya a la terraza y ver si allí iba a analizar el gin tonic o a mí.
– ¿En serio? Quizá te quería impresionar –interviene Teresa sin ocultar su decepción–. ¿Y qué pasó luego?
– Acabamos de cenar y… Por cierto, apenas probó el postre porque decía que se estaba saltando la dieta y yo dije ¿sí? Pues me lo como yo, y me comí el suyo y el mío sin cortarme. Luego fuimos a la terraza de su amigo y bueno… empezó a saludar a unos y a otros… Me hizo un poco más de caso, pero la verdad es que al rato les dije a unas amigas que se pasaran y ya estuve con ellas el resto de la noche.
– Punto uno: Hiciste muy bien comiéndote tu postre y el suyo. Punto dos: ¡Vaya decepción! Puede que se esté haciendo el interesante. Es que los guapos son más sosos, Valeria… ¿Vas a volver a quedar con él? Supongo que no, ¿verdad?
– Yo pensaba que no… Pero justo cuando mis amigas y yo nos íbamos, vino a despedirse y me dio un beso justo en la comisura de los labios y se me electrizó hasta el dedo pequeñito del pie…
– ¡Ay que ver lo que tiene la química que nos trastoca! Esperemos que en otra cita, Grey saque todo lo que esperamos de él, ja, ja, ja –ríe divertida.
– ¡Eso quiero yo, que lo saque todo! Ja, ja, ja –bromea Valeria, guiñándole un ojo a Teresa.