No me toques los miércoles

— ¿Cómo estáis, mis niñas? –Teresa las aprieta con un medio abrazo a cada una ¡Qué bien me ha sentado la clase! Además, ya me van saliendo más cositas y me veo más tonificada… ¡Oye, así da gusto! Cada vez me cuesta menos.
— Claro que sí, Teresa. Cada vez serás capaz de hacer más ejercicios. Además, nuestra profe lo explica súper bien.
— Por cierto, y siento cambiar de tema, ahora que me acuerdo… Valeria, has hecho un nuevo álbum de postres en Pinterest. ¡Cómo me gusta! Un día tendríamos que quedar para que nos dieras recetas y nos enseñaras a cocinar.
— El otro día en clase creé un pastel… que estaba para chuparse los dedos. Además, de verdad.
— Hablando de pasteles… ¿Cómo va con el profesor tan guapo que te enseña a hacerlos? –dice Teresa, mientras la mira con una sonrisilla.
— La verdad es que tengo noticias y ya quería contaros. Después del comentario que me hizo en el ascensor… el de la ciruela caramelizada, ¿recordáis? No ha vuelto hacerme caso. Así que no sé qué pensar. Quizás le di más importancia de la que tenía, pero os juro que me lo susurró al oído…
— Bueno, quizás se dio cuenta de que lo que hizo no era correcto. Pero claro, entiendo que sucumbir a tus encantos es fácil, Valeria. No todos los hombres lo pueden resistir –Lucía se ríe y se recoge el pelo con un gesto presumido.
— Anda, calla. La cuestión es que será mi amor platónico este año: ya lo veo. Pero lo que os quería contar es que he conocido a un chico que está haciendo el segundo año, y por supuesto es guapísimo. Es dos años más mayor que yo. Lo conocí en la cafetería y me dijo si quería quedar con él para tomar algo algún día.
— ¿Y qué le dijiste?
— ¿Qué le voy a decir, Teresa? Que en vez de ir a tomar un café que fuéramos a cenar.

Mami sexy on fire

– Si es que no tienes arreglo… ¡Vaya campeona estás hecha! Ya sabes qué te dice Lucía: ¡Haz el favor de usar condones siempre! Eso, y un conjuntito sexy –Teresa se ríe con su comentario–. Ya me imagino la escena…
— ¡Teresa, por dios! –Lucía se pone roja.
— Venga, va, Lucía, si no pasa nada. Por cierto, voy a idear un plan con Fernando, porque lo del finde fuera es prácticamente imposible. Y lo importante no son las ocasiones especiales, sino el día a día. Así que voy a crear un plan de activación sexual y voy a pensar ideas diferentes para motivarnos.
— ¡Así me gusta, Teresa! –Valeria sube los brazos con su típico gesto y hace un movimiento sensual.
— ¡Ay, Valeria! Tendré que alegrar mi vida. Tú, claro, como no paras… Lucía, he estado pensando en eso que usas como anticonceptivo; explícame, porque estoy pensando en dejar las pastillas anticonceptivas. Total, a veces me olvido de tomarlas, y, sinceramente, no me apetece nada tener otro monstruito por casa: con dos me basto y me sobro. Quiero algo cómodo, seguro y que no me tenga que preocupar de ello.
— Claro que sí. Yo creo que un DIU te iría perfecto. No sé si en tu caso, teniendo tan claro que no quieres más hijos, a lo mejor te puedes poner otro que dure más. Pero deberás preguntárselo a tu ginecólogo porque no lo domino. Yo te explico: el mío dura 3 años y va liberando pequeñas cantidades de hormona; lo bueno que tiene es que la hormona se libera localmente, es decir, en el útero, y no tiene que pasar por el estómago. Lo bueno de todo ello es que te olvidas completamente de que lo llevas y no tienes que estar pendiente cada día de tomar las pastillas anticonceptivas o cada mes de ponerte algo…
— Pero y si quieres tener hijos antes de 3 años, ¿te quedas sin? ¿El DIU se queda ahí puesto? ¿Cómo te lo ponen, no te dolió? –pregunta Teresa, preocupada.
— No. Si cuando lo llevas puesto cambias de idea y quieres tener hijos, como me puede pasar a mí, por ejemplo, simplemente vas al ginecólogo y te lo sacan. Es totalmente reversible: ¡que lo lleves puesto no quiere decir que te incapacite para poder tener hijos después! Ponerlo es parecido a una citología. , Después del tampón y la ducha caliente, es un gran invento.
— ¿Y si eres fumadora te lo puedes poner?
— Sí, una amiga lo lleva también y es fumadora. Fue ella quien me explicó las ventajas del DIU y entonces fue cuando yo lo pedí a mi ginecólogo, y genial.
— ¡Al final me lo voy a poner hasta yo! –interviene Valeria, a quien se le iluminan los ojos.
— Sé lo que estás pensando, Valeria. Y en tu caso, aunque sea muy cómodo, no protege de enfermedades de transmisión sexual. Así que tendrías que usar condones de todas formas.
— ¡Ah, bueno, claro! Entonces si es lo mismo… como yo no tengo novio fijo, ni rico ni ordenado como tú, tampoco me soluciona la vida. Pero tengo un chico dos años mayor que yo, ¡que es un crack en la cama! –grita mientras aplaude y mira a sus amigas con el bombazo que acaba de soltar.
— ¡No me digas! ¿Cómo sabes eso? ¿Pero es que a ti no se te escapa ni uno o qué? –dice Teresa y le pega un golpecito en el trasero.
— Aún no lo sé… pero resulta que tiene un piercing en la lengua…
— ¡Santo cielo, Valeria!