No me toques los miércoles

— Esto tiene que ir aquí… vamos, digo yo. Porque si esto va delante…¿dónde va esto?

—¿Teresa? ¿Eres tú? —pregunta Lucía desde fuera del baño del vestuario.

— Sí, Lucía, soy yo —entreabre un poco la puerta, asoma la cabeza y comienza a susurrar—. Es que resulta que me he comprado un modelito de lencería tan sexy y tan moderno que no sé ni cómo va, ja ja –ríe picarona.

— Ja, ja, ja. Es que mira que eres de lo que no hay. ¡Déjame ver, anda! —exclama, disponiéndose a abrir del todo la puerta del baño.

— ¡Uy, no, no! Que me da un poco de corte…

— ¿Corte tú? Teresa, si me has explicado cosas que escandalizarían a una actriz porno.

—Bueno, venga… Que conste que te lo enseño sólo porque no tengo ni puñetera idea de cómo va, y eso que es sólo un body sexy —dice mientras va subiendo las manos desde las caderas con un movimiento sensual y abre la puerta.

— Pero, pero… ¿qué te has comprado? ¿Esto se vende? —pregunta con cara de estar alucinando y aguantándose la risa.

— Venga, va… Dime… ¿Tú crees que esto va aquí? ¿O va esta pluma?

— A ver —interviene Valeria de repente mientras abre la puerta
—. ¿Hola? Madre mía, Teresa. No sabía que comprabas en las mismas tiendas que Lady Gaga, ja, ja, ja.

— Ja, ja, ja, ja, ja, ja —Lucía y Valeria sueltan a la vez una sonora carcajada.

— ¡Ay, chicas, ¡cómo sois! Mira, voy a quitármelo, si puedo, y después de clase me ayudáis, a ver si entre las tres conseguimos que este modelito tenga algo de sentido.

— Venga, nos parece bien, así nos quitamos la cara de póker que se nos ha quedado —exclama Valeria mientras abre la mochila para empezar a cambiarse.

— ¿Sabéis qué? Este finde tengo un súper plan. Nos vamos con otra pareja de amigos a una casita preciosa en la playa. Mirad las fotos.

Reencuentros y cotilleos

— Haces bien, chica —grita Teresa desde el baño—. Aprovecha ahora que no tienes niños y exprime al máximo la vida de casada.

— Hombre, yo creo que justamente tú, Teresa, eres la muestra de que, aunque tengas niños, se puede seguir sacando jugo —interrumpe Valeria con cara de pícara.

— A ver, sí… Pero evidentemente cuando tienes unos trastos que te preguntan treinta veces que cuando llegamos a los sitios, quejándose de que quieren guarradas para merendar y que a las siete de la mañana están dando guerra, llueva o truene, aquí y en Pekín, pues ya te digo yo se viaja de una manera muy diferente.

Piiii piiiiiiii piiii piiiiiiii (sonido de mensaje de Whatssapp)

— Parece que a alguien le está ardiendo el Whatsapp… —comenta Teresa, que ya ha salido del baño, mirando a Valeria.

— Bueno… Es que Bruno lleva unos días muy persistente…

—¿Bruno? —pregunta Teresa con cara de extrañeza.

— Sí, ya os he hablado de él, el chico de mi escuela de cocina. Pues nada… Que quiere que volvamos a vernos y cada vez me lo pide con más frecuencia y los tiempos entre citas se van acortando…

L.ES.NPM.06.2017.2753