No me toques los miércoles

– ¡Hombre, Teresa! ¡Ya era hora! - exclama Valeria– . Ya pensábamos que no vendrías hoy.

–¡Uf! Calla, calla. Que he estado a punto de no venir. Estoy muy estresada desde este fin de semana– exclama, soltando el bolso sobre el banco del vestuario y quitándose la chaqueta.

– ¿Y eso? ¿No os ibais Fernando y tú a una casita rural perdida por el monte para desconectar del mundo?–le pregunta Lucía.

–Pues sí. Esa era la idea en un principio, pero resulta que cuando ya estábamos allí, incomunicados, sin wifi ni cobertura para que nadie nos molestara, sentados frente a la chimenea, con nuestra mantita y nuestras copas de vino, y con Barry White sonando de fondo… va y me acuerdo de que no me había tomado mis pastillas anticonceptivas y encima me las había dejado en casa. ¡Casi me da algo!

–¿Y qué hicisteis?– la interrumpe Valeria, muy interesada en cómo acaba la historia de su amiga.

– Eso, ¿qué hicisteis?–pregunta también Lucía, intrigada.

– Pues nos teníais que haber visto a los dos fuera de la casa con los móviles en la mano, yendo de un lado para otro y moviendo los brazos para buscar cobertura y poder encontrar una farmacia en el pueblo más cercano. Y nada… que anocheció, no encontramos nada y nos tuvimos que… en fin… arreglar como pudimos…

– ¿Qué quieres decir con “nos tuvimos que arreglar como pudimos”?–pregunta Valeria con cara de pilla.

– Pues…–empieza indecisa Teresa, con cara de pena–. Pues ya sabéis, tuvimos que estar más bien tranquilitos los dos días y cuando no pudimos estar tan tranquilos… pues utilizamos sistemas nada fiables… Así que nos la jugamos un poco y ahora estoy con unos nervios… ¡Vamos, que el finde prometía mucho y ha acabado siendo un desastre!

Las pastillas olvidadas

– Yo no quiero ser pesada, pero eso con el DIU no te hubiera pasado porque no tienes que estar pendiente de esas cosas. Como lo llevas puesto siempre, ni se te olvida, ni necesitas una farmacia ni nada de nada – dice Lucia.

–Pues mira… hoy mismo lo hablo con Fernando. Por lo que me dices y por cuál es mi situación, creo que voy a dar el paso, voy a pasarme al DIU Lucía, porque esto es un sinsentido.

– Bueno… parece que no queréis que os cuente que el viernes por la noche tendré mi primera cita oficial con Grey… -interrumpe Valeria, poniendo cara de interesante.

– ¿Qué me dices?–suelta Teresa dando un golpecito en el hombro a Valeria.

– Pues sí, sí, lo que oís. Hemos estado hablando mucho por Whatsapp. Me sigue en Instagram… Por cierto, dice que salgo guapísima en las fotos que colgué en #MiDecisionMasLibre… y… pues nada, que el viernes iremos a cenar algo y luego a la fiesta en la terracita de unos amigos, en el barrio de Gracia.

–¡Vaya planazo, Valeria!–exclama Lucía, contenta por su amiga– . Si quieres, te digo algún restaurante chic que conozco por la zona. Así verá que controlas el tema.

– ¡Ah! ¡Pues sí! ¡Gracias!

– Por cierto… Lucía… ¡Que te casas ese sábado y ni hemos hablado del tema con tanto susto y tanto Grey!

– Sí, chicas. Por fin llega el momento después de tantos preparativos. Yo sólo pido que todo salga bien, que no llueva y que los zapatos no me hagan ampollas– comenta Lucía, acabando con una risita.

ndash; Seguro que todo irá genial, Lucía. Ya verás. Será una boda preciosa, tal y como te mereces. Y respecto a los zapatos… ahora te cuento un par de trucos para que ni te enteres de que los llevas en toda la noche.