No me toques los miércoles

Teresa entra en uno de los cubículos en los que está el wáter, cierra la puerta tras ella, baja la tapa a toda prisa y se sienta. Mira al suelo fijamente. Apoya los codos en las rodillas y la cabeza en las manos, sin dejar de mirarlo. Ahí sentada, mirando el suelo del baño de la oficina, empieza a hablar consigo misma:

— ¡Madre mía, Teresa! Desde tu último examen en la facultad no estabas tan nerviosa y desorientada. Aunque aquello, comparado con lo que le pasa ahora, es una minucia. En aquel caso se trataba simplemente de un examen, nada que no se arregle estudiando un poco más y presentándote a una nueva convocatoria. Ahora tienes casi 36 años, y estás a punto de entrar sola a la sala de reuniones y de enfrentarte cara a cara a las personas para las que has trabajado, para quienes lo has dado todo durante 12 años, y que ahora te ponen de patitas en la calle. Cuando eras universitaria no había preocupaciones, pero ahora tienes una casa y dos mocosos que mantener. Es verdad que Fernando tiene trabajo, pero, aparte de que visto lo visto no hay nada seguro con esta crisis, con los sueldos de hoy en día una casa funciona muy justita teniendo sólo una fuente de ingresos.

Pues mira… Ahora habrá que abrocharse el cinturón: se acabaron las escapaditas por un tiempo, los caprichos, el satélite para ver el fútbol y tus clases de Pilates. ¿Mis clases de Pilates? Bueno, las chicas y tú ya sois amigas, y eso ya no lo destruye ni el increíble Hulk.

Pero… ¿Y qué harás ahora, Teresita? ¡Si tú llevas en esta empresa casi desde que saliste de la facultad! Ahora con 36 añazos… actualizar el currículum, buscar ofertas, ir a entrevistas… ¡Eso si consigues que te llamen de algún sitio! Porque todas las empresas están fatal y ahora los veinteañeros vienen pegando fuerte: que si idiomas, que si postgrados, que si masters del Universo…

La decisión más libre de Teresa

Teresa, con esa positividad no avanzamos, ¿eh? Pero es que es verdad… ¿Qué harás mañana? ¡No hará falta ni que pongas el despertador! Bueno… tendrás tiempo para ponerte a pinear como una loca y hacer todos los DIY y manualidades que veas en Pinterest.

¡Basta ya, Teresa! ¡Eres una mujer adulta, inteligente, formada y con muchos recursos, así que vas a salir de ésta! Mueve tu culo ahora mismo y entra en esa sala de reuniones, repasa bien todos los documentos, asegúrate de que te dan lo que te corresponde, firma y luego sal de ahí con una sonrisa, porque en ese momento va a empezar una nueva etapa de tu vida y deberías estar emocionada y no asustada. ¡Deja ya los miedos! Comienza una etapa de tu vida que te ha llegado por sorpresa, pero que seguro te traera grandes alegrías que ahora mismo ni imaginas.

Fernando, tus niños, tu familia, tus amigos, todos, te necesitan fuerte y preparada para hacer frente a este segundo asalto en tu profesión, pero por quien tienes que luchar más es por ti misma. Eres una mujer con suerte, una mujer que ahora mismo tiene ante sí una gran oportunidad para ser libre y empezar de nuevo.

Teresa oye unos pasos fuera del cubículo.


— Teresa cariño, es tu turno, te están esperando.

La voz de Marina suena triste. Empezaron siendo compañeras de trabajo hace 12 años y ahora, siendo casi, casi, más que familia, tendrán que separarse.

Teresa abre despacio la puerta, sale con seguridad, abraza a su amiga y le dice:


— ¡Alegra esa cara, Marinuchi! Aquí empieza un nuevo capítulo. ¡Soy una mujer imparable! Venga, vamos, ¿dónde hay que firmar para tomar mi decisión más libre?