No me toques los miércoles

— ¡Ay del chiquirritín chiquirriquitín metidito entre pajas, ay del chiquirritín chirriquitín queridín, queridito del alma!

— Teresa, que me hagas recorrer palmo a palmo este centro comercial en plenas Navidades con un complemento navideño en la cabeza es suficiente tortura ya. Creo que lo del “chiquirritín” nos lo podemos ahorrar —se queja Valeria con cara de resignación.

— Nunca pensé que diría esto porque siempre he tenido más espíritu navideño que el de “El almendro”, pero creo que Valeria tiene algo de razón. Me da que estas señoras de aquí atrás van a preguntarnos de un momento a otro que dónde es la performance si seguimos dando la nota —añade Lucía.

— ¿Hola? ¿Sí? —Teresa saca el móvil del bolsillo y se pone a hablar—. ¿Qué estás buscando a dos grinch? No se preocupe, que las tengo aquí conmigo... En serio chicas —dice, dando por finiquitado el teatrillo del móvil—. ¿Podéis quitar ya esa cara de menestra que tenéis las dos? ¡Que estamos en Navidad! Y mirad, ya hemos llegado al ecuador de mi lista de regalos de navidad.

— Lucía, amiga, acaba con mi sufrimiento... —ruega en broma Valeria.

— Teresa... Es imposible que hayamos llegado sólo al ecuador. ¡Las tiendas de este centro comercial se están acabando! ¡Y a las que ya has estado no te van a volver a dejar entrar! —exclama Lucía.

— ¡Anda, exagerada! Si ya no queda nada —responde Teresa.

— A ver... Veamos qué es nada...

— Pues... para mi sobrina tengo que encontrar una batamanta y un Furby.

— ¿Cuántos años tienes tu sobrina? —pregunta Lucía.

Feliz Navidad 2015

— Diecinueve.

— Una chica curiosa, tu sobrina —ironiza Valeria.

— Mi cuñado se ha pedido un minigolf para jugar sentado en el wáter y un CD de Celine Dion... —continua Teresa revisando la lista de regalos de navidad en voz alta.

— Recuerda no presentarme nunca a tu cuñado —interviene Lucía con cara de no entender nada.

— Me sumo a la petición —añade rápidamente Valeria mirando a Lucía en busca de comprensión.

— Uy, pues si os digo lo que le voy a comprar a mi suegra, os caéis de culo.

— Yo no sé qué esperar de los deseos navideños de tu familia, la verdad.

— Pues para mi suegra, la señora Antonia, le voy a comprar un maletín con fichas y cartas de póker, y un barajador.

— Pero ¿cómo le vas a regalar eso a tu suegra Teresa? —pregunta Lucía.

— Es que tú no sabes las partidas que organiza en el centro de día con las amigas. Vamos, que el Casino Royale ese de 007 se queda corto al lado de las que lía mi suegra con sus compinches, la señora Asunción y la señora Amparo.

— Teresa, antes te hemos dicho que no queríamos conocer a tu cuñado, pero estoy por pedirte que nos lleves a la cena de Nochebuena sólo por veros a todos juntos hablando de vuestras locuras.

— ¡Pues invitadas estáis! Y venga, menos darle a la “sin hueso”, que tengo muchas cosas que comprar. ¡Que también me faltan las zapatillas con ruedecitas para mi suegro!

Teresa apresura el paso. Lucía y Valeria se miran, resoplan, y salen corriendo para alcanzar a su amiga.