No me toques los miércoles

Lucía y Valeria entran en el vestuario y se encuentran a Teresa ya cambiada, mirándolas con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hola, Teresa. Te veo muy tranquilita y sonriente —saluda Lucía mientras saca la ropa de pilates.

—Es mi sonrisa de “lo siento”. Teníais razón chicas: Fernando no me estaba poniendo los cuernos, me estaba preparando una fiesta sorpresa de cumpleaños. —¿Ves? Si es que estaba claro.

—Bueno… No me negaréis que estaba haciendo cosas extrañas —se justifica Teresa.

—¿Y le has preguntado todo lo del Whatsapp? Lo del grupo llamado “Superwoman” y todos esos emoticonos… —interviene Valeria.

—Pues resulta que ése era el grupo que hizo Fernando para preparar la fiesta y coordinarse con todos los invitados. Y lo de “Superwoman” iba por mí, claro.

—¿Y lo de la flamenca y el sushi? —pregunta riéndose Valeria.

—Pues lo del sushi, la pizza, la hamburguesa y los espaguetis, todo eso era porque preparó una cena del mundo. Y lo de la flamenca y las cervecitas… pues por las ganas de fiesta.

—¡Ay, Teresa! ¿Pero cómo se te ocurre dudar de tu Fernando? —interviene suspirando Lucía.

—Ahora contadme vosotras. Lucía, supongo que tú te pasas el día “bailando la lambada” con tu chico.

—Mujer, eso, y también leyendo mucho, cuidándome e intentando estar lo más sana posible para cuando llegue el momento y la prueba de embarazo sea positiva.

El secreto de Fernando y las dudas de Valeria

—¿Y tú, Valeria? ¿Todo preparado para tu escapadita a Ibiza? —pregunta Teresa levantando un poco la voz porque Valeria está ante el espejo recolocándose estratégicamente su coleta.

—Pues sí, todo preparado. Pero ahora estoy con otras cosas en la cabeza. Estoy pensando en probar otros métodos anticonceptivos. Una amiga mía usa el anillo vaginal y dice que está encantada. Pero tengo otra que usa el parche anticonceptivo y dice que también le va bien. Así que aquí estoy, pero sigo con el runrún en la cabeza.

—Déjate de runrún, Valeria. Lo que tienes que hacer es ir al ginecólogo y que te explique bien todo el tema de la anticoncepción para que decidas el método que se ajuste a tu estilo y a lo que quieres. Seguro que hablando con él acabas encontrando el adecuado para ti. Ya verás.

—Ya, tienes razón, Teresa —acaba aceptando Valeria.

—¡Pero si me ha dado la razón! ¡No me lo puedo creer! Ja, ja, ja.

—Hay que dejarse aconsejar y, sobre todo, preguntar todas y cada una de las dudas que se nos pasen por la cabeza. Yo a mi ginecólogo lo tengo frito con tanta pregunta. Antes de ponerme el DIU le acribillé, y ahora… ¡ahora sigo acribillándolo! —dice Lucía.

—Preguntas a tu ginecólogo, pero también he visto que has pasado por la librería y te has hecho con un pequeño botín de libros sobre embarazos y bebés.

—Me gusta estar informada, Teresa.

—O eso o vas a montar una tienda online de libros sobre maternidad, ja, ja, ja. Como te los leas todos, el niño te va a salir con la tesis doctoral hecha.