No me toques los miércoles


— ¡Hombre, Miriam! ¡Cuánto tiempo sin verte! –exclama Teresa, y le planta dos besos sonoros cuando se encuentran en la calle.
— La verdad es que he faltado a muchos cafés últimamente. Seguro que me tendré que poner al día de muchos temas que habéis sacado –se disculpa Miriam.
— Bueno, ya sabes que nosotras no somos enciclopedias, sino que tenemos buenas fuentes como conlamujer.com –Teresa termina la frase y levanta la mano para saludar a Lucía, que se acerca a su paso de embarazada porque ya le va pesando la barriguilla.
— ¡Hola chicas! –saluda Lucía mientras mira si hay un banco cerca donde poder sentarse un momento.
— ¡Estoy temblando! –dice Miriam mientras mira nerviosa a derecha e izquierda buscando a Valeria–. ¿Para qué nos habrá citado hoy Valeria a todas? Que llegue ya, que no aguanto más con la incertidumbre. Con tanto misticismo, o nos habla de su Erasmus o de cualquier locura. ¿Seguirá con Bruno? –pregunta, justo en el momento en que ven cómo llega Valeria corriendo otra vez y con una carpeta llena de papeles.
— Hola chicas –saluda con la voz entrecortada por el esfuerzo de venir corriendo–. ¡Qué bien que hayáis podido venir todas! Ya me hacía falta una buena terapia de esas nuestras.
— ¿Vamos al gastrobar ese nuevo que ha abierto esa pareja tan maja? Ésta que os habla tiene una emergencia –bromea Lucía señalando su barriga y dando a entender que necesita hacer una parada en boxes.
— ¡Claro, claro! –exclama Teresa mientras la coge del brazo, y empiezan a caminar hacia el gastrobar haciendo una seña de “seguidnos” al resto.
Se sientan en el gastrobar en unas mesas súper monas de diseño nórdico. Todas dirigen sin pensar sus miradas hacia Valeria esperando que empiece a contar de una vez lo que les tiene que decir.

El ombligo del mundo

— Pues tú dirás, Valeria –se impacienta Miriam–. Necesitamos saber ya que te traes entre manos. Y más yo, que tengo un dolor de ovarios ahora que me ha bajado la regla que no puedo más.
— Si hay algo que no echo de menos con esto de estar embarazada –Lucía se incorpora y separa la silla para que le quepa la barriga bien antes de proseguir– es tener el periodo. Pero bueno, tú después de haberte empapado de toda la información en la infografía sobre reglas abundantes en conlamujer.com, estarás más tranquila, ¿no? Sobre todo mientras esperas a que llegue el día de tu cita con la ginecóloga.
— Bueno, chicas, que nos desviamos de la conversación y hay alguien que nos tiene que contar algo –Teresa corta el tema de los dolores menstruales de raíz–. ¿Verdad, Valeria? ¡Somos todo oídos!
— Ja, ja, ja –se ríe Valeria–. Vosotras a lo vuestro, ¿eh? Pero sí, creo ahora es mi momento de sentirme el ombligo del mundo y que todas me escuchéis. ¿Os acordáis de esa idea mía de irme al extranjero?
— Sí… sí… sí –se oyen tres síes escalonados de las tres interlocutoras.
— Ahora mismo vengo de la escuela y creo que lo pospondré un año más, lo de irme a estudiar al extranjero. Ahora me va la cosa muy bien con Bruno; nunca antes me he sentido tan bien ni tan tranquila, y voy a apostar por esta relación.
— ¿Y entonces todos esos papeles? –pregunta Miriam sin dejar de mirar la carpeta.
— Hoy es mi día de novedades y de que todas estéis por mí –se ríe Valeria–. He decidido que voy a dejar de pagar alquiler y me voy a buscar un pisito de esos tipos loft que salen en las películas.
— ¡Bravo por mi amiga! –grita Miriam–. Aunque yo no siente la cabeza, me alegra mucho ver que tú has empezado a crear tu vida de adulta.
— ¡Guapetón! Que rule una botellita de cava, que hoy tenemos que brindar por nuestra amiga Valeria –dice Teresa dirigiéndose a la barra con paso decidido.
Justo a medio camino ve que Lucas entra en el bar acompañado. ¿Qué están viendo sus ojos? No entiende nada...




L.ES.MKT.10.2016.1887