No me toques los miércoles

Lucía se levanta como su barriga le permite y se dirige a la puerta con un objetivo claro: llegar hasta Miriam antes de que se despida de la mujer de los gemelos que ahora luce tipazo.
— ¡Miriam! Hola –grita Lucía, levantando la mano para saludar y de paso hacer una señal de “espérame que voy”. Lucía se mueve cada vez más despacio, alguien diría que como a cámara lenta. Mientras se acerca, va haciendo un repaso a la desconocida de los gemelos y sigue pensando cuál será el secreto con el que esta mujer ha recuperado su figura en tan poco tiempo. Justo al llegar la desconocida de los gemelos que ahora luce tipazo, ésta se ha despedido de Miriam.
— Vaya, que mala suerte –se queja Lucía–. Ahora que he visto que os conocíais, no quería perder la oportunidad para hacerle una pregunta indiscreta.
— Tenía un poco de prisa. Decía que tenía que ir a buscar a los gemelos a la guardería –explica Miriam mientras coge una botella de agua de su mochila y le pega un trago–. Pero ahora dime, que me pica la curiosidad: ¿qué le querías preguntar?
— Resulta que hace dos días tenía una barriga enorme y ahora luce un tipazo que ya mismo firmo donde sea si me aseguran que voy a tener el mismo después del parto –dice Lucía, tocándose la barriga–. Quería preguntarle cómo lo ha hecho para recuperar la figura en tan poco tiempo.
— ¡Ah, mujer! No sufras, que yo te puedo ayudar con esa información –Miriam mete de nuevo la botella de agua en la mochila.
— ¿Ah, sí? ¿Tú sabes por qué? –Lucía hace un gesto de sorpresa.
— Tuvo a los gemelos por cesárea y, claro, así tarda uno menos en recuperarse después del parto –Miriam sonríe, orgullosa de poder ayudar a su amiga.

Desconocida con un secreto a voces


— ¡Ah! Claro. Yo había pensado tener un parto natural, vamos un parto en el que el bebé salga por donde tiene que salir, ja, ja, ja –se ríe Lucía, y se sigue frotando la barriga como últimamente hace cuando habla de algo relacionado con el bebé.
— Bueno, tú pregúntale a tu ginecólogo también, a ver qué te recomienda. Todos los tipos de partos no se recomiendan en todos los embarazos. Depende un poco del tipo de embarazo que tengas –Miriam mira el reloj, algo nerviosa. Queda poco para que empiece la clase de Pilates, pero ya hay una cola en la puerta.
— Ahora también parece que se ha puesto muy de moda tener un parto en el agua –Lucía le explica a su amiga–. Y bueno, en este caso también sale por donde tiene que salir, ja, ja, ja. Pero claro, sin epidural y sin ningún tipo de medicamento que mitigue el dolor. Valeria y Teresa salen de la cafetería y se acercan hacia donde están las dos amigas hablando.
— ¿Y qué? ¿Hemos podido sacarle el secreto mejor guardado a la desconocida de los gemelos que ahora luce tipazo? - pregunta Teresa, sonriendo.
— Se me escapó por los pelos, pero Miriam me ha servido de ayuda –explica Lucía.
— ¿Miriam? –Teresa hace un gesto de incredibilidad.
— ¿Tanto te extraña? –le suelta Miriam–. Mira que me voy a enfadar y todo… Aunque no sea madre, ni quiera serlo de manera inmediata, puedo tener información sobre este tipo de cosas, ¿no?
— Claro, claro. Y bueno, ¿qué hemos descubierto? –pregunta Teresa.
— Cesárea –Lucía no parece muy convencida–. Se resume, en una palabra: cesárea.
— ¡Anda, mira, como las famosas! Lucas me dijo que todas los tienen por cesárea y así la recuperación es más rápida y pueden estar a punto para sesiones de fotos o para eventos en un plis plas –dice Teresa, orgullosa de poder darles una información que ellas desconocen.
La puerta de la clase de Pilates se abre y una estampida intenta colarse dentro. Valeria mira atenta la pantalla de su móvil, en la que aparece un recordatorio.




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