No me toques los miércoles

Después de la negativa de Teresa a compartir su secreto insistiendo que esa era la noche de la celebración de las novedades de Valeria, todas se quedaron con el gusanillo de averiguar qué se traía Teresa entre manos.
— Hoy sí que no se te han pegado las sábanas, ¿no? Mira que eres cotilla –le suelta Valeria a Lucía riendo mientras se acerca a la mesa donde ésta se encuentra sentada.
— ¡Si es que tengo una intriga…! Yo creo que hasta la niña lo ha notado. Hoy noto más patadas de lo habitual –dice Lucía mientras quita su bolsa de deporte de la silla para que se siente Valeria.
— Y me pregunto yo, ¿dónde se mete esta mujer? Siempre llega puntual y hoy… –Valeria toca la pantalla del móvil para que aparezca el reloj y saber la hora exacta.
A través de los cristales de la cafetería ven pasar a Teresa.
— Qué careto que llevas, ¿no? Es que las noches de juerga ya te pasan factura –se ríe Valeria.
— Puff, sí. Me parece que tanto cava ayer no fue una gran idea. Pero bueno, lo pasamos muy bien –dice Teresa.
— Y ahora al lío. ¡Cuenta! Que nos tienes en vilo –interviene Lucía, acariciándose la barriga.
— Ay, no sé si contároslo ahora –responde Teresa, que se hace la remolona.
— ¡Mira! ¿Quieres que hagamos un interrogatorio como los de las series y te traigamos una lámpara que te apunte a la cara para que no digas ya lo que te traes entre manos? –pregunta Valeria, mientras se recuesta en la silla–. ¡Termina ya con este sufrimiento, que nos morimos de ganas por saber!

Confesiones mañaneras y misterios que resolver


— Bueno, bueno, no os hago sufrir más –Teresa sonríe sintiéndose el centro de todas las miradas–. Seguro que luego pensáis que no es para tanto, que la noticia no merecía tanta expectación.
— ¿Quieres decirlo ya? ¡Que ya no aguanto más! Hazlo por tu sobrina postiza, que no deja de moverse –dice Lucía.
— Llevaba tiempo dándole vueltas a ver qué podría hacer después del taller de maquillaje, en qué podría invertir mi tiempo, qué más puedo aprender –Teresa levanta la mirada de la mesa y busca a sus amigas–… ¡Voy a apuntarme a un taller de masajes!
— ¿Tanto para eso? Ja, ja, ja. ¡Qué exagerada eres! –Valeria se incorpora de la silla–. Pensaba que nos ibas a decir algo más heavy con tanto secretismo. Te convertirás en unas manos mágicas que cambiarán la vida de las personas. Ja, ja, ja.
— Anda, eso me parece una buenísima idea. Yo puedo ser tu conejillo de indias –Lucía da palpas de alegría.
— Bueno, por lo que he podido leer, hay que tomar ciertas precauciones cuando la mujer está embarazada –Teresa busca algo en sus archivos en el móvil–. Mira. Hice una captura de pantalla el otro día de algo que encontré… A ver si lo encuentro… Pero sí, estoy deseando ponerme “manos en la masa”. ¡Aquí está!
Las tres amigas miran muy atentas la pantalla del móvil de Teresa.
— Algunas cosas a tener en cuenta –comienza a leer Teresa–: evitar aceites con perfume, la zona del abdomen y la espalda baja en el primer trimestre, y siempre ponerse tumbada de lado o sentada en una silla para recibir el masaje. Lo mejor es que preguntes a tu ginecólogo cuando vayas a la revisión y que te saque de dudas, ya que algunos masajes se pueden dar y otros no son tan aconsejables.
— Por cierto, ya mismo te toca ir, ¿no? –pregunta Valeria.
— Sí. Está tarde toca revisión ginecológica –dice Lucía recostándose en la silla–. Escucha, ¿aquella no es esa mujer que tenía una barriga enorme? Creo que traía gemelos. Que rápido se ha recuperado, ¿no? Nos tenemos que enterar de su secreto, ja, ja, ja.
— Mira, está hablando con Miriam –dice Valeria–. Así que aprovecha para enterarte qué milagro le ha ocurrido para recuperar así de rápido su figura. ¡Ahora o nunca! Corre, que parece que se están despidiendo.




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