No me toques los miércoles

El amigo de Teresa, Lucas, acaba de aparecer en el gastrobar con Leo, el hermano de Lucía.

— ¡Pero bueno! –exclama alegre Teresa, mientras se acerca a los dos muchachos–. ¡Si es que el mundo es un pañuelo! ¿Que coincidencia tan mágica! ¡Me encanta que la gente buena se vaya encontrando por el camino! No tenía ni idea que os conocíais.

— ¡Vaya! Ya veo que estáis todas al completo –dice Leo, mirando hacia la mesa donde están sentadas las demás, a la vez que levanta la mano para saludar.

— Y vosotros dos, ¿se puede saber de qué os conocéis? –Teresa sigue alucinada con la coincidencia.

— Un beso, ¿no, Teresa? –interviene Lucas–. Que ya has perdido hasta los modales.

— ¡Es verdad! –Y Teresa le da no uno sino dos besos, que le dejan la marca roja del carmín de labios en una de las mejillas.

— Lucas es vecino de toda la vida de una amiga mía de la carrera –explica Leo mientras camina en dirección a donde se encuentra su hermana–. ¿Dónde está mi gordi favorita? ¡Pero bueno! ¡Qué sorpresón! Hasta tu sobrina se ha puesto contenta –Lucía hace el amago de levantarse de la silla, pero su hermano la frena.

— ¿Cómo va todo? –preguntan a la vez Miriam y Valeria. Hasta ellas mismas se sorprenden y se echan a reír.

— ¡Menuda compenetración! –prosigue Valeria.

— Bien, bien –responde Leo –. Resulta que Lucas y yo tenemos una amiga en común. Ahora hemos quedado con ella y con otros amigos aquí para dar una vuelta.

Lucas y Teresa se acercan a la mesa con la botella de cava en la mano y un zumo de piña para Lucía.

— Justo íbamos a brindar por unas buenas noticias que nos ha dado Valeria –explica Miriam.

— Uy, uy, uy… Yo siempre estoy dispuesto a hacer un brindis por las buenas noticias –dice Lucas, mientras coge el cava y se sirve una copa.

Coincidencia y noticias inesperadas

El teléfono de Leo no deja de hacer bip-bip-bip.

— ¡Vaya! Alguien tiene una urgencia. Sí que está demandado mi hermano favorito, ¿eh? –Lucía se acerca la pajita a la boca mientras coge el tarro de cristal para leer la etiqueta del zumo y ver si es tan natural como le han dicho.

— Es la amiga que estábamos esperando. Dice que vendrá antes porque iba a ir al gym pero le ha bajado la regla y mejor va a pasar, que eso de regla y deporte no es buena combinación.

Deja el móvil encima de la mesa y coge una silla para sentarse y compartir mesa con su hermana y sus amigas.

— Eso pensaba yo también –interviene Miriam–, y sobre todo yo, que tengo las reglas tan abundantes. Pero después de informarme en conlamujer.com y leer el post sobre el deporte y la menstruación… ¡se acabaron las dudas! Dile a tu amiga que le eche un vistazo y verá que hacer deporte y la menstruación no es para nada incompatible.

— Ese brindis, ¿no lo vamos a hacer? Que yo veo una copa de cava llena y me pongo nervioso, ja, ja, ja –Lucas acerca una copa a cada una de las chicas.

— Venga, venga, ¡que hay prisa! Ja, ja, ja. Como diría la abuela de la fabada.

Todos miran a Teresa, que parece que mientras traía la botella a la mesa le ha pegado un par de sorbos y está pletórica. Lucas no le quita los ojos de encima y después de mirarla fijamente y analizarla, le dice:

— Me parece que aquí hay alguien más que tiene que contar algo. ¡Me lo dice mi olfato de detector de cotilleos!

A Teresa le entra una risa nerviosa incrementada por todos los sorbos que le ha pegado a la copa de cava. ¡La han pillado!

L.ES.MKT.10.2016.1886