No me toques los miércoles

– Llevo una semana en ascuas, Valeria. Necesito que me cuentes qué ha pasado con el profesor Grey después de que te diera su teléfono –dice Teresa sin decir ni hola al entrar en el vestuario.
– Pues… lo cierto es que llevo una semana que estoy como en una nube… Mira que he conocido a chicos, pero en este caso, que un amor platónico sea quien tome la iniciativa… ¡Es que aún no me lo creo!
– ¡Pero, venga! ¡Cuenta! –exclama Lucía también sin decir ni hola mientras se sienta en el banco al lado de sus amigas.
– Pues nada… El otro día en clase, me separé un momento para derretir chocolate en el microondas y cuando me di cuenta, lo tenía junto a mí. Me dijo que estaba muy guapa en la foto del Whatsapp y que me quería invitar a una terraza muy moderna donde suele ir con sus amigos a tomar algo.
– ¿Y qué le dijiste? –pregunta Teresa, ansiosa.
– Pues… que si el chocolate estaba suficientemente derretido para cubrir los brownies… y que claro… que cuando quisiera, quedábamos…
– ¡Desde luego, Valeria, tienes un aplomo! Yo en tu lugar me hubiera metido en el microondas y programado el grill –bromea Lucía.
– Bueno, me temblaba hasta el gloss pero tenía que mostrarme segura.

Chocolate derretido y desconocidos en el hotel

– ¡Di que sí! ¡Bien hecho, corazón!
– ¿Y tú que te cuentas, Teresa? ¿Cómo van los fuegos en tu casa? –pregunta Valeria para cambiar de tema, rozándole la cadera con el índice y haciendo ver que se quema.
– ¡Uuuuhhhhhhhhh! Si os contara… ¡Más que fuego son llamaradas! Sólo os diré que el otro día dejé a los niños con mi hermana, me fui a un hotel del centro y en el bar del hotel, un tío guapísimo que se llama Enrique me invitó a un mojito y en una servilleta me escribió el número de su habitación… Y… cuando subí… llamé a…
– ¿¡Perdonaaaaaa!? –gritan a la vez Lucía y Valeria interrumpiendo el relato de Teresa.
– Ja, ja, ja, ja, ja. ¡Chicas, calma! ¡El tal Enrique era mi Fernando! Simplemente jugamos a los desconocidos para darle un poco de emoción al temita –aclara con voz de intriga.
– Madre mía, Teresa… Nos habías dejado totalmente descolocadas –interviene Valeria poniéndose las manos en la cabeza.
– Ya te digo… Por un momento se me ha cortado la respiración –añade Lucía aún con cara de susto.
– Pero ¿cómo iba a irme yo con otro? ¡Si con mi chico tengo más que de sobra! Ja, ja, ja, ja –ríe divertida al ver como sus amigas se habían tragado totalmente su pequeño engaño.
– Venga, chicas, menos jueguecitos y vamos a cambiarnos, que empieza la clase y yo luego tengo que salir pitando a la última prueba del vestido de novia. Espero que no me quede muy grande porque con los nervios y el Pilates, creo que he adelgazado un poco y no quiero que me haga pliegues ni se me caiga.
– No te preocupes, que eso te lo arreglan si hace falta. Además, vas a estar preciosa –la tranquiliza Teresa pasándole la mano por el hombro.