No me toques los miércoles

—¡Uy, Teresa! Qué raro que llegues tan tarde, si eres siempre la primera en llegar para cotillear y apurar todo el tiempo justo antes de entrar en clase

—apunta Valeria, intentando picar a su amiga, que acaba de llegar algo acelerada.

—¡Uff! Calla, calla, que un poco más y no llego a tiempo —responde, poniéndose bien el pelo y recolocándose la camiseta.

—¿Estás bien? Pareces acalorada —pregunta Lucía, con algo de preocupación en su expresión.

—¿Que si estoy bien? ¡Estoy en la bendita gloria! —susurra entre dientes, y lo remata con un gran suspiro.

—Espera… —exclama Valeria. Se levanta de un salto y se planta ante Teresa—. ¿De dónde vienes tan sonrojada, acalorada, despeinada y con la ropa un poco descolocada? O mejor aún… ¿Con quién estabas? —pregunta, y acaba la frase poniendo los brazos en jarra.

—Pues… ji, ji, ji… Veréis… ja, ja, ja —intenta decir, pero no puede seguir porque se pone a reír nerviosa.

—¿Es lo que yo estoy pensando Teresa? —interroga Valeria, entre divertida y alucinada.

—A saber lo que estás pensando Valeria, con esa mentalidad que tú tienes –suelta Teresa, entre carcajadas.

—¡No me lo puedo creer! Ja, ja —ríe Lucía.

—Moviendo cadera, ea, sacúdelo nena, ea… —canta Valeria mientras mueve las caderas de manera sexy.

Calores en los probadores

—Ja, ja, ja, ja. ¡Shhhhhhh! –la hace callar, poniéndose el índice delante de los labios–. Para, para. Os lo cuento —les dice; hace gestos con las manos para calmar a sus amigas y toma aire—. Pues nada, que me ha traído Fernando y para hacer tiempo hemos ido a la tienda de ropa de aquí al lado, ya sabéis, en la que siempre me paro a mirar el escaparate. Total, que he cogido un par de vestidos y he entrado a probármelos. Y estaba tan guapa con el primero que Fernando ha querido entrar y ayudarme con la cremallera y bueno… pues la cremallera no bajaba bien… y…

—¡Stop in the name of love! —grita Valeria formando una cruz con sus dedos índice

—Mira que yo soy cotilla —aclara—. Pero de verdad, Teresa, que no hace falta que nos des más detalles. Creo que tanto Lucía como yo nos hacemos a la idea de que ese probador ha sido más ardiente que Valencia en fallas, ja, ja, ja.

—Ja, ja, ja, ja. No digas esas cosas, Valeria, que me suben los colores y me pongo más roja todavía —dice Teresa, abanicándose con la mano.

—Pero bueno, Teresa… ¡Estás totalmente desatada! ¡Si la que parece que se acaba de casar eres tú y no yo!

—Lo que pasa, queridas mías, es que estoy tan liberada… ¿Vosotras sabéis cuántos años llevaba yo tomando pastillitas anticonceptivas y poniéndome la alarma en el móvil? Y si yo ya me estaba lanzando últimamente, pues ahora estoy totalmente desbocada —contesta mientras saca un espejito del bolso y se peina con la mano, poniendo morritos.

—Pues con toda esta aventura de Teresa no os he contado que creo que voy a dar una nueva oportunidad al profesor Grey. No sé… Me lleva gustando tanto tiempo que no quiero darme por vencida tan pronto. Es cierto que la cita fue un poco desastre, pero cuando nos despedimos y me dio el beso, se me derritió hasta el esmalte de uñas.

—Yo creo que haces bien Valeria —interviene Lucía, afirmando con la cabeza—. Pero si esta vez no se lo curra más, lo mandas a freír espárragos.