No me toques los miércoles

— ¡Hola guapa! Hoy estamos tú y yo solitas —dice Teresa a Valeria, que acaba de entrar en el vestuario.
— ¡Hola! Es verdad, que tenemos a Lucía recorriendo Australia con los canguros. ¡Espero que nos traiga algo!
— ¿Y tú qué? ¿Sigues sin saber por quién decantarte?
— Uf, Teresa, no te imaginas el jaleo mental que tengo ahora mismo.
— Pero a ver… ¿Tú con Bruno cómo estás?
— Si estoy genial con él, ése es el tema. El sábado cenamos y luego nos compramos unos helados y nos tumbamos en la arena a mirar las estrellas. Estuvimos hablando y me dijo que no quiere perder más el tiempo con otras chicas, que quiere estar conmigo. Yo no supe qué decirle. Me gusta mucho estar con él, pero me da mucho respeto el compromiso. Aunque con él siento que todo va ir bien y que cualquier plan, por normalito que sea, pasa a ser espectacular y único.
— ¡Uy! ¡Qué bonito, Valeria! Nunca te había escuchado decir algo tan romántico por ninguno de tus ligues, ni tan siquiera por el mítico Grey.
— El caso es que lo que viví con Andrea en Ibiza fue muy especial también, y verle aquí fue todo un subidón. Nadie había hecho por mí algo así.
— Fue todo un detallazo, eso desde luego, pero has de pensar en lo que sientes realmente por cada uno. Te lo digo yo que tengo un marido y un admirador en el trabajo.

Britney Spears y el amor

— Es que eres totalmente irresistible, Teresa.
— Lo sé —dice muy segura—. Por cierto… ¿sabes que me pasó este finde? —pregunta como quitándole importancia
— Tiemblo cada vez que preguntas cosas así, ja, ja, ja.
— El sábado por la tarde Fernando me dijo que si íbamos al centro comercial a dar una vuelta, cosa que me sorprendió mucho porque él odia con todas sus fuerzas ir de compras… Dice que se siente un perchero andante y que tiene pesadillas con música de discoteca, escaparates interminables, probadores que se abren continuamente pidiendo una talla más de algo y dependientas que te dicen que todo está fuera y que no tienen nada en el almacén.
— Ja, ja, ja, ja. Dicho así, no puedo más que solidarizarme con todos los acompañantes de compradores en centros comerciales.
— El caso es que fuimos a ese tan grande que tiene tres pisos, y yendo por la planta de abajo empecé a escuchar “Baby, one more time” de Britney Spears, que era mi canción, o, mejor dicho, mi himno, en el instituto. Y pensé “mira qué bien”. Entonces unas chicas que caminaban delante de nosotros soltaron las bolsas y se pusieron a bailar. Luego se levantaron varias personas que estaban tomando algo en unas mesas. Todos iban siguiendo una coreografía y cada vez se iba sumando más gente. ¡Yo estaba alucinando!
— ¡Guau! ¡Siempre he querido estar presente en un lipdub!
— ¿Un qué?
— Un lipdub.
— ¡Ah! —Teresa se queda un momento en silencio— Bueno, continúo. El caso es que justo cuando llega el momento álgido de la canción, va y Fernando suelta la bolsa que llevaba en la mano, que al principio casi me cabreo porque llevaba unas botas nuevas que me acababa de comprar, ¡y se puso a bailar delante de mí!
— ¿Cómo? ¡Madre mía este Fernando! ¡Qué difícil se lo está poniendo al colectivo de “maridos”! ja, ja, ja, ja —ríe divertida Valeria.
— Pues como lo oyes… Bailó como un cisne. Por un momento no sabía si se llamaba Fernando o Vladimir y era un bailarín ruso.
— Mira que eres exagerada, Teresa… ja, ja, ja.
— Total, que cuando acabó la canción se puso de rodillas ante mí y me dijo que hacía justo diez años que se me declaró y me pidió matrimonio, y que si tuviera cien vidas, se casaría conmigo en cada una de ellas. Me puse a llorar como una pava y mis hijos, saltando y bailando.
— ¡Ay Teresa, qué bonito! ¡Qué afortunada eres!
— Pues cuando sepas dónde me llevó después…
— ¿Aún hubo más sorpresas?
— Jijiji— ríe divertida Teresa