No me toques los miércoles

— No hay derecho… Al final resulta que el chico crujiente era el profe de aquagym —se queja Valeria con pena mientras remueve lentamente el cortado que tiene delante con la cucharilla.

— ¡Vamos! ¡Estoy indignadísima! ¡Es la mayor injusticia que se ha visto desde que Rosa López no ganó Eurovisión! —suelta Teresa justo antes de hincar el diente a un bocadillo de bacón y queso.

— Bueno chicas, al menos le veremos entre clase y clase. Además, tampoco está de más hacer alguna clase de aquagym. Mi tía Virtudes y sus amigas lo practican y dicen que les va muy bien, es una actividad muy completa —explica Lucía.

— Pues mira… No descarto acoplarme a alguna clase y refrescarme un poco chapoteando en la piscina.

— ¿Refrescarte, Teresa? Con ese profesor delante haciendo los ejercicios, más que piscina eso va a parecer un jacuzzi, ja ja ja —bromea Valeria.

— Con esas vistas, como si me meten en un cocido madrileño y hace chup chup. Yo lo que necesito es un poco de distracción, relax…

— ¿Y eso por qué, Teresa? —pregunta Lucía.

A mí me daban dos

— Pues resulta que las cosas no están demasiado bien en el trabajo. Hay muchos rumores por los pasillos. Dicen que este año ha habido pérdidas y que tienen que hacer recortes de personal. Estoy bastante preocupada porque… bueno… Fernando trabaja, pero hoy en día un sueldo no es suficiente y en fin…

— Vaya, Teresa, lo siento mucho —dice Lucía, apenada—. Es normal que estés preocupada, pero no adelantemos acontecimientos. Espera a ver qué pasa, si finalmente se despide personal o no, y si tú estás incluida. Por ahora, intenta no darle vueltas.

— Lucía tiene razón. No te calientes demasiado la cabeza, Teresa —interviene Valeria pasándole de manera cariñosa la mano por la espalda a su amiga.


Lucía mete la mano en su bolso enorme y saca el móvil. Busca una imagen y dice:

— ¡Teresa, arriba! Siempre hay futuro: ¡mira! Este circulito de aquí es mi pequeñín o mi pequeñina… —dice Lucía enseñando el móvil a sus amigas.

— ¡Oh! ¡Qué peque! —exclama Valeria

— ¡Qué alegría! —interviene Teresa.

— Me han dicho que todo va fenomenal. ¡Estoy muy contenta!

— ¡Qué bien, Lucía! Esto sí que va a ser una aventura y no tu viajecito a Australia, ja, ja, ja.

— ¿Y cómo fue el momento de verle por primera vez?

— Pues fue muy y muy emocionante. No pude contener las lágrimas. Y Pablo se hizo el duro, pero al final también vi como resbalaba una lagrimita por su mejilla.

— ¡Ay, el padrazo! Ya se le está cayendo la baba y eso que su peque aún no mide más que un botón —dice Teresa.

— ¿Pero sabéis cuál fue el momento clave? ¡Cuando la doctora quiso comprobar unas cosas y nos dijo que, en vez de un bebé, podrían haber dos…

— ¿Cómo? —gritan Valeria y Teresa al unísono.