No me toques los miércoles

—¡Estabas realmente preciosa, Lucía! Me encanta el vestido, el peinado, el maquillaje, los zapatos, todo… Pero sin duda lo que más me gusta es tu sonrisa y esa cara de felicidad con la que sales en todas las fotos —comenta Teresa mientras mira las fotos que Lucía le muestra, rodeando con cariño a su amiga con un brazo.

— La verdad es que fue todo un sueño hecho realidad, Teresa. Y cuando veas las fotos del viaje… ¡Indescriptible!

— Bueno, bueno. Esas ya me las enseñas después de clase, que ya estaré más relajada y no me darás tanta envidia –dice Teresa, bromeando.

Valeria entra con prisa en el vestuario, se quita la chaqueta y se sienta en el banco. Al darse cuenta de que Lucía ya ha vuelto de su luna de miel, la saluda con entusiasmo.

—¡Pero si ya has vuelto! —grita, mientras se levanta rápidamente para dar un abrazo a su amiga recién llegada—. Ahora supongo que ya vuelta a la realidad, la rutina, a tu vida diaria… —y se pone a reír.

— Pues sí, pero vuelvo a la realidad mucho más enamorada que antes de la boda —suspira—. Después te enseño las fotos para que se te pongan los dientes largos, pero ahora venga, explicadme novedades.

Reencuentros y cotilleos

Teresa y Valeria se miran para ver quién de las dos empieza a contar. Finalmente, Teresa hace un gesto de sacrificio y comienza a hablar sin dejar opción a Valeria, que mira divertida a su parlanchina amiga.

— Mujer… Lo que te tiene contar Valeria tiene más jugo, pero bueno, lo mío también tiene su qué —comenta, mientras toma aire y se prepara para empezar su crónica—. ¡Estoy feliz! Resulta que ayer fui al ginecólogo y… ¡Tachán! ¡Soy libre! ¡Se acabaron los horarios, los olvidos y los sustos porque ya llevo mi DIU puesto, y estoy encantada!

—¿En serio? ¡Qué bien, Teresa! Me alegro mucho de que hayas encontrado tu método anticonceptivo ideal. Ahora ya puedes relajarte de verdad durante un tiempo.

— ¿Y te dolió cuando te lo pusieron? —interrumpe Valeria.

— ¡Que va a doler! Además, fue un momentito de nada. El ginecólogo te lo pone con un tubito. Casi no lo notas, es muy rápido —le explica Teresa.

— Y… ¿Fernando lo ha notado en vuestras noches de pasión?

— Para nada… ¡Ni lo nota él, ni lo noto yo! Eso es lo mejor.

— ¿Y te puedes poner tampones igual?

— Sí, sólo hay que tener cuidado al retirar el tampón para evitar tirar de los hilos que tiene el DIU.

— ¿Y de verdad que hasta dentro de unos años ya no tienes que preocuparte de nada? —pregunta interesada Valeria.

— Efectivamente. Además, yo siempre he tenido unas reglas malísimas; empecé a tomar la pastillas anticonceptivas justo por eso, y va y resulta que también con el DIU voy a tener los dolores y los sangrados bajo control. ¿Qué más se puede pedir?

— Bueno, bueno… Me parece que Valeria se está haciendo la remolona, pero tiene algo que contarte, Teresa —interrumpe Lucía, con voz de intriga.

— ¿Tiene que ver con el profesor Grey? —pregunta Teresa, con cara de curiosidad.

— Afirmativo —responde escueta Valeria, alargando el misterio.

— ¡Ya estás tardando en contármelo todo! Quiero todos los detalles, pero cuando digo todos, quiero decir todos, todos —comenta Lucía, sacando una parte seria que sus amigas aún no habían visto.

— ¡Guau, Lucía! Realmente has venido con las pilas cargadas —exclama Teresa aún con cara de sorpresa por la contestación; pero inmediatamente se pone a reír por su ocurrencia.

— Bueno —suspira Valeria—. Como tenemos que entrar ya en clase y hay mucha tela, te lo explico luego en la cafetería. Pero para no dejarte así, te haré un pequeño adelanto: tuve una cita con Grey que fue un poco… ¿cómo decirlo? Un poco… diferente de lo que esperaba… Y por otro lado… sigo quedando con Bruno, el chico de mi escuela… ¿Te acuerdas?

— Desde luego… ¿En serio eres capaz de dejarme así? ¡No, no!